Fueron más de 17500 km y 22 países
Con nuestra llegada al Parque Centenario de la Ciudad de Buenos Aires el domingo 12 de octubre de 2008, nuestra Vuelta al mundo en tándem llegó a su fin. Atrás quedaron17.500 kilómetros de aventuras y aprendizaje a través de 22 países del mundo sobre una bicicleta, que los lectores del sitio han podido seguir mientras íbamos avanzando. Fue una satisfacción para nosotros encontrar a los amigos y a nuestras familias en el último día de viaje, acompañándonos en los65 kilómetros finales, esperándonos en Liniers y, por último, en el mismo punto del que habíamos partido un año y doce días antes. Después de doce meses de experiencias inolvidables, seguiremos igualmente en contacto con ustedes, incorporando a este sitio algunas imágenes, datos y curiosidades que, por falta de tiempo no pudimos subir durante el viaje.InfoBiker, 12/10/08 - Andrés Ruggeri y Karina Luchetti completaron el domingo 12 de octubre, la
Vuelta al Mundo en Tándem. A pesar de la lluvia que obligó a cambiar los planes
de la última etapa entre San Andrés de Giles y Buenos Aires, la pareja fue
acompañada por varios amigos en los 110 km finales. Al llegar al Parque
Centenario de la ciudad de Buenos Aires, y luego poco más de un año de haber
salido desde ese mismo punto, concluyó formalmente la Vuelta al Mundo. En el
Parque lo esperaba cerca de un centenar de personas que mediante los
interesantes informes periódicos e imágenes que enviaban, fueron siguiendo
atentamente el viaje y lo coronaron con un merecido aplauso. El cuentakilómetros
de la bicicleta indicó que pedalearon más de 17500 km., pasando por 22 países.
Los apagados colores de la bicicleta y las alforjas, daban indicios de la gran
cantidad de horas y paisajes recorridos.
La posibilidad que tuvo el público de ir siguiendo el viaje a través del blog y
los medios que publicaban los informes, hizo que las vivencias fueran
compartidas a la distancia y la última jornada se viviera como un reencuentro
con viejos amigos. La mayoría de la gente que se acercó los consultó acerca de
anécdotas, lugares o historias que habían visto en esos informes y les llamaron
la atención.
Para Karina y Andrés ahora vendrá el tiempo de la vuelta a las actividades laborales. Les quedará en sus mentes la gran posibilidad que les dio la bicicleta de tener un conocimiento más cercano del Mundo, algo que sus profesiones ligadas a las ciencias sociales les permite interpretar mejor. Por eso, releeremos lo mucho ya escrito y esperamos con ansias la publicación de un libro que seguramente inmortalizará la experiencia del inolvidable viaje.
12/10/08 - Llegada a Buenos Aires. El mal tiempo cambió los planes programados
para la recepción de Karina Luchetti y Andrés Ruggeri. El último tramo del
domingo 12 de octubre que estaba previsto realizar desde la carrera Lujanense de
Rural Bike en Jáuregui hasta Buenos Aires, y por haberse suspendido dicha
competencia, se hará directamente por la Ruta 7 hasta el Parque Centenario:
"Por mal tiempo la carrera programada en Jáuregui se suspende, por lo tanto
nosotros vamos por ruta 7 hasta Parque Centenario, calculando llegar a las 18 hs.
Los esperamos ahí.
Gracias!
Karina y Andrés"
1/10/08 - El domingo 12 de octubre, después de un año de travesía por 22 países del globo, Karina Luchetti y Andres Ruggeri completarán la Vuelta al Mundo en Tándem. Y así como aquel 30 de septiembre de 2007 se los viera partir del Parque Centenario de Buenos Aires acompañados por cicloturistas rumbo a la primera etapa, varias agrupaciones se están organizando para hacer junto a los viajeros los últimos kilómetros. La convocatoria es entonces para el mediodía del 12 de octubre de 2008 en el Campo de Deportes del Colegio Lasalle de Jáuregui, sito en el km 74 de la ruta 5, Partido de Luján. El ámbito no puede ser más propicio para el encuentro ciclístico, ya que en dicho lugar se disputará la 4ª fecha del Campeonato Lujanense de Rural Bike, y seguramente habrá muchos aficionados a las dos ruedas que se verán interesados en conocer a la pareja que en bicicleta tándem logró completar la gran travesía al cabo de 17.000 km. pedaleados.
Desde Jáuregui está previsto salir rumbo a Buenos Aires por el Acceso Oeste pasadas las 14 hs.
Estamos de nuevo en la Argentina, empezando el tramo final para
llegar a Buenos Aires. Antes de eso, debimos cruzar el océano
Pacífico en dos vuelos, uno de Kuala Lumpur (la capital de Malasia)
hasta Auckland, Nueva Zelanda, y otro desde allí hasta Santiago de
Chile. De Santiago salimos para cruzar los Andes hasta la ciudad de
Mendoza.
Ciertamente, el cruce de la segunda cordillera más alta del globo
por el paso Los Libertadores, de casi 3.200 m.s.n.m., por el lado
más empinado y con un tándem súper cargado (más o menos unos 60 kg.
de equipaje) fue físicamente una dura prueba. Fuertes pendientes,
mucha nieve, enorme cantidad de camiones que nos pasaban muy cerca
(aunque siempre nos respetaron), hicieron el cruce difícil. Pero
mucho peor fue para nosotros el aparentemente sencillo trámite de
volar en avión, donde no tenemos que hacer nada más que sentarnos y
esperar el aterrizaje en el punto de destino.
EL CRUCE DEL PACÍFICO
Ya salir de Kuala Lumpur fue una complicación: el Kuala Lumpur
Internacional Airport (KLIA) no está en la capital, como su nombre
parece indicar, sino a unos 80 km. de distancia. Como antes de cada
vuelo, especialmente después de que Turkish Airlines nos recargó con
60 euros por la bicicleta, habíamos reorganizado todas las cosas
separando las más pesadas y que podíamos pasar por los controles de
seguridad para llevar en la cabina, por lo cual la bicicleta estaba
más incómoda que de costumbre, con una pila de equipaje sobre el
trailer. Por suerte, el vuelo era a las 20.50 hs., por lo que
tuvimos todo el día para pedalear hasta el lejano aeropuerto. Con
tres horas de anticipación estábamos allí, para encontrarnos con la
sorpresa de que, a pesar de llevar gran peso en el equipaje de mano,
nos querían cobrar 1.000 dólares por exceso de equipaje. Un precio
exorbitante que excedía largamente el valor de lo que llevábamos.
Buscamos todas las posibilidades, sacando peso para llevar con
nosotros, intentando la forma de mandar cosas por correo (resultaba
casi tan caro como lo que nos querían cobrar y llegaba a Auckland
después que nosotros partiéramos para Chile) y, finalmente,
desprendiéndonos de algunas cosas. Sobre la hora, casi quedándonos
abajo y con grandes discusiones, logramos subir al avión sin pagar
ese dineral, pero más livianos en forma involuntaria.
La estadía en Nueva Zelanda fue breve, apenas un tiempo entre vuelo
y vuelo, y exclusivamente en la ciudad de Auckland, una prolija
metrópoli que nos permitió una aproximación a un país que nos
hubiera gustado recorrer. Pasamos del calor ecuatorial de Malasia a
un final de frío invierno austral, sin transiciones. Estuvimos tres
días en la ciudad, la más importante del país aunque no su capital,
caminado por sus calles de estilo inglés y rigurosas reglas de
tránsito, visitando el gran museo dedicado a las culturas del
Pacífico y específicamente a los maoríes, antiguos habitantes de la
isla.
Ver
fotos de la breve estadía en Auckland, Nueva Zelanda.
SANTIAGO Y EL CRUCE DE LOS ANDES
Finalmente llegó la hora de regresar a Sudamérica. Volvimos a
pedalear hasta el aeropuerto, unos 20 km., y enfrentar nuevamente la
tensionante situación de "tenemos una bicicleta" y esperar las
reacciones de los empleados de la aerolínea frente al longilíneo
tándem. En este caso, nos hicieron embalar la bici. Como no había
cajas de tamaño suficiente para nuestro tándem (en el aeropuerto de
Auckland contemplan esta posibilidad y venden las cajas para embalar
las bicicletas, aunque la previsión no llega al tándem), tuvimos que
envolverla en rollos de cartón, que debe ser el más caro del mundo,
30 dólares neozelandeses, unos 20 de los estadounidenses. También
les sacamos los pedales, platospalancas y la cadena del lado
izquierdo, para que el bulto fuera menos ancho y no nos cuestionaran
que pudiera romper otros equipajes. Despachado todo justo antes de
que el avión saliera, un último inconveniente antes de subir: Karina
tuvo que ir a explicar que el cartucho de nuestro calentador no era
un peligroso explosivo. Aclarado esto, despegamos.
Cuando llegamos a Santiago, el día 18 de septiembre al mediodía
(habiendo salido de Auckland el mismo 18 pero a las 6 de la tarde,
es decir, llegamos antes de salir, recuperando un día como Phileas
Fogg en La vuelta al mundo en 80 días) nos encontramos con
la sorpresa de que faltaba el bolso del trailer, el mismo que había
sido demorado por los celosos neozelandeses. No habían alcanzado a
subirlo al avión y venía al día siguiente. Quedamos a pata, la
transmisión primaria de la bicicleta estaba en ese bolso. Tuvimos
que dejarla en custodia en el aeropuerto e ir a una Santiago
desierta por el feriado larguísimo con el que se celebraba de la
independencia de Chile (tres días más el fin de semana), hasta el
día siguiente, en que llegó el bolso y pudimos completar nuestro
vehículo.
El feriado riguroso chileno nos complicó los planes, pensábamos
mandar por correo a Buenos Aires algunas cosas que no necesitábamos
para hacer algo más livianos el ascenso, pero tuvimos que esperar
hasta el día siguiente para poder hacerlo. Después, bastante tarde
para lo que pretendíamos hacer en el día, salimos. Por suerte y como
contrapartida a los problemas, pudimos atravesar una Santiago
bastante tranquila, con pocos autos, hasta salir a la ruta abierta.
La cordillera se veía enorme hacia el este, ampliamente nevada con
un cielo intensamente celeste de fondo. La ruta era una autopista
que fue lentamente ascendiendo, hasta ponerse cada vez más empinada
y dificultarnos la llegada a la ciudad de Los Andes. Ya casi de
noche, decidimos buscar un lugar para quedarnos. Preguntamos en un
bar en el que minutos antes habíamos tomado un café y nos
permitieron acampar en los fondos. Mientras cenábamos, los dueños y
una familia visitante bailaron cuecas y nos hicieron pasar un buen
rato.
Al otro día cruzamos el túnel Chacabuco (cerca de los campos donde
se libró la famosa batalla) en una camioneta, porque no está
permitida la circulación de bicicletas, siendo los mismos empleados
de vialidad quienes cruzan a los ciclistas. Del otro lado
descubrimos que se había pinchado la ruedita del trailer y, mientras
la reparábamos, conversamos con un grupo de ciclistas de la zona que
nos dieron valiosos detalles sobre la ruta. Unos 20 km. más adelante
llegábamos a Los Andes, donde almorzamos y nos mentalizamos para la
terrible subida que íbamos a enfrentar. Eran 63 km. entre los 800 y
los 3.200 metros de altitud, un desnivel de 2.400 metros.
Apenas saliendo de Los Andes el camino se hizo cuesta arriba. En los
primeros 20 km. en que la ruta se fue metiendo entre las montañas,
el promedio de velocidad no fue, sin embargo, muy bajo. Pero pasando
esa distancia, la subida se puso peliaguda y el sol bajaba
rápidamente. En un paraje llamado Los Papeles, donde una placa
recordaba un combate librado por el patriota chileno José Miguel
Carrera contra los españoles en 1814, acampamos.
El día que siguió fue el del ascenso más duro. Siempre las subidas
son más difíciles con el tándem y más con tanto peso como
llevábamos. De a poco fuimos acercándonos a la zona donde la nieve
blanqueaba las montañas. Aparecieron los primeros "cobertizos", unas
galerías que cubren la ruta en las zonas donde la nieve tiende a
taparla. Al cruzarlos, fríos chorros de agua del hielo que se iba
derritiendo por el sol nos caían en la espalda, y bloques de hielo
en el suelo hacían peligroso el tránsito. Cruzamos luego unos
ciclistas de la localidad bonaerense de 9 de Julio que venían
haciendo el descenso.
Bastante más tarde de lo previsto llegamos al comienzo de los
famosos caracoles, las 25 curvas que hacen el ascenso final hasta el
paso Los Libertadores. Los camiones subían con esfuerzo y nosotros,
muy lentamente, fuimos desandando las curvas entre muros de nieve.
Cuando estábamos llegando a los últimos dos cobertizos, oscureció.
Cruzamos el último de éstos en la oscuridad, con el hielo tapando
las ventilaciones y, junto con ellas, las últimas claridades. Con
una linternita y un destellador les avisábamos de nuestra presencia
a los camiones que pasaban tronando para no ser arrollados. Al salir
del túnel, ya estaba oscuro y decidimos caminar por la resbaladiza
carretera, hasta llegar, agotados y tensionados, esquivando
camiones, después de empujar el tándem los últimos kilómetros, hasta
el puesto fronterizo chileno. Había una hostería, rodeada de hielo y
nieve, donde por suerte nos pudimos quedar esa noche.
A la mañana siguiente hicimos los últimos 6 km. de ascenso hasta
llegar al túnel que cruza la montaña y la frontera. Otra vez nos
cruzaron en camión. Y, después de casi un año, volvimos a la
Argentina.
Comenzamos el descenso por un camino con menos nieve que del otro
lado de la frontera. Algunas pequeñas pendientes nos hicieron sudar
un poco, pero mayoritariamente, por supuesto, fue bajada, pasando
por Puente del Inca, Penitentes, Punta de Vacas, Fortín Picheuta,
todos lugares que, salvo una breve parada en Puente del Inca,
pasamos de largo lanzados hacia abajo. Pero a partir de Picheuta la
ruta se estabilizó y empezó a alternar subidas y bajadas. Ya se
había hecho tarde nuevamente y pedaleamos en la oscuridad los
últimos kilómetros hasta llegar a Uspallata. Allí, nos lanzamos de
cabeza a una parrilla, con meses de abstinencia carnívora (en las
proporciones argentinas, claro).
Un día más y llegamos a la capital mendocina. Sin embargo, no fue
todo bajada. El nuevo dique Potrerillos alargó 20 km. la ruta con
relación a la que Andrés había hecho subiendo en su viaje a Cuba en
1998. Y en ese agregado apareció una subida de 9 km. rodeando el
lago que se formó en la zona. Una vez más, apuramos el tranco para
llegar antes del anochecer. La rueda delantera, para colmo, se venía
desinflando, y los dos o tres parches que le fuimos poniendo no
aguantaban las dimensiones de la pinchadura. Y la mayoría de las
cámaras de repuesto estaban entre las víctimas del exceso de peso de
Malaysia Airlines.
Entramos a tiempo a la ciudad de Mendoza. Las últimas cuadras, ya
más distendidos, las hicimos a pie con la rueda delantera en llanta,
pero ya no importaba. Allí nos quedamos en la casa de nuestra amiga
Mónica Huertas, hasta empezar el recorrido hacia Buenos Aires, en el
final de nuestra vuelta al mundo en bicicleta tándem.
Ver fotos de la desierta Santiago en el feriado de la independencia,
con desfile militar incluído.
Ver fotos de nuestro cruce de los Andes por el paso Los
Libertadores.
Etapas anteriores en el Blog de la Vuelta al Mundo en Tándem: http://elmundoentandem.blogspot.com/
ENTRE MALAYOS, CHINOS E INDIOS
16/9/08
- Nuestra entrada por mar a Malasia nos dejó en la isla de Pulau
Langkawi, centro de un fastuoso negocio turístico, pleno de resorts
y hoteles de lujo. Soportamos allí sólo un día, y volvimos a
embarcarnos para cruzar a otra isla que nos resultaba más
interesante: Pulau Penang.
En Penang nos encontramos con otra faceta del país, más acorde con
su realidad histórica y cultural. Su capital, la ciudad de George
Town, recientemente incluida en el listado del Patrimonio Mundial de
la UNESCO, es una ciudad relativamente antigua donde conviven en
cierta armonía (cosa difícil en otras partes del mundo no tan
lejanas) colectividades étnica, cultural y religiosamente muy
diferentes, siendo las más numerosas los malayos islámicos, los
chinos y los indios, estos últimos tanto musulmanes como hinduístas.
LA
PARTIDA
30/9/07
- El domingo 30 de septiembre de 2007 comenzamos nuestro viaje. A las 9 de la
mañana llegamos con la bicicleta recién cargada (y más pesada de lo que
esperábamos) al Parque Centenario, donde nos esperaban numerosos amigos,
familiares, compañeros, gente que se acercó a partir de enterarse de distintas
formas de nuestro proyecto.
Fuimos acompañados por amigos hasta la General Paz y por los ciclistas Pedro,
Matías, Lucas y Hong Shih Yu hasta nuestro primer destino, Campana.
Llegamos a las 5 de la tarde, luego de recorrer 82 km., la mayor parte de los
cuales transcurrieron por la colectora de la ruta Panamericana.
25/9/07 - El domingo 30 de septiembre, Karina Luchetti y Andrés Ruggeri emprenderán la Vuelta al Mundo en Tándem. El ambicioso viaje del responsable de la sección Cicloturismo Autosuficiente de InfoBiker y su mujer, se iniciará en el mástil de Parque Centenario de la Ciudad de Buenos Aires (Díaz Vélez y Leopoldo Marechal, CABA) a las 9 hs. del domingo. Desde allí los ciclistas que lo deseen podrán acompañarlos en el primer día de pedaleo, que concluye en la localidad de Campana. Pueden regresar desde cualquier punto del camino o, en grupo, en tren desde Campana.
En la página de la Vuelta al Mundo en Tándem hay ya abundante información para interiorizarse de los detalles técnicos, apoyos y preparativos del viaje, como así también una dirección para recibir la actualización periódica por e-mail: www.infobiker.com.ar/cicloturismo
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