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VUELTA AL MUNDO EN TANDEM
Vuelta entera
Cicloturismo - 13.10.2008 - Cap. Fed.
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Fueron más de 17500 km y 22 países

Con nuestra llegada al Parque Centenario de la Ciudad de Buenos Aires el domingo 12 de octubre de 2008, nuestra Vuelta al mundo en tándem llegó a su fin. Atrás quedaron17.500 kilómetros de aventuras y aprendizaje a través de 22 países del mundo sobre una bicicleta, que los lectores del sitio han podido seguir mientras íbamos avanzando. Fue una satisfacción para nosotros encontrar a los amigos y a nuestras familias en el último día de viaje, acompañándonos en los65 kilómetros finales, esperándonos en Liniers y, por último, en el mismo punto del que habíamos partido un año y doce días antes. Después de doce meses de experiencias inolvidables, seguiremos igualmente en contacto con ustedes, incorporando a este sitio algunas imágenes, datos y curiosidades que, por falta de tiempo no pudimos subir durante el viaje.

Pero para llegar hasta aquí debimos atravesar mil kilómetros desde la ciudad de Mendoza, donde habíamos descansado un día solamente después de cruzar los Andes. Los preveíamos fáciles por la inmensa llanura pampeana, pero nos dieron una sorpresa. Encontramos unas pendientes que no nos esperábamos en la provincia de San Luis, acompañadas por unos fuertes vientos frontales que, lejos de ceder, nos dieron trabajo durante todo el recorrido y unas rutas complicadas, angostas, de intenso tráfico de camiones, más peligrosas que la mayoría de las que recorrimos en el resto de la travesía. Finalmente, una tormenta de proporciones nos hizo dudar de si podíamos cumplir con la promesa de llegar el 12 de octubre a Buenos Aires. Saber que tanta gente nos esperaba y estaba pendiente de nuestro regreso nos dio el impulso que necesitábamos para superar estos últimos escollos.

HOSPITALIDAD CICLISTA
La maza de la rueda delantera estaba volviendo a dar problemas. El extremo desgaste había minado los conos y volvimos a escuchar los crujidos que sentíamos en las rutas dela India, cuando casi se nos desarma. Parecía mentira que a solo 250 km. de Buenos Aires y con los días contados para llegar la rueda nos jugara esta mala pasada. Con la bicicleta frenada y ya sin posibilidades de ajustar más la maza sin extraer todo el conjunto, llegamos a la ciudad de Junín y buscamos urgentemente una bicicletería.

Cuando la encontramos, el bicicletero nos recibió como si fuéramos viejos conocidos. "¡No me digan que ustedes son los de la revista!", exclamó. Claudio, de Impala Bikes, nos había seguido asiduamente a través de nuestros artículos en Ciclismo XXI. Fue como estar en casa, y nos fuimos un par de horas después, habiendo pasado un momento agradable y con la rueda en perfectas condiciones, como nueva.
Renovados en el material y en el espíritu continuamos el trayecto por la ruta 7, que veníamos sufriendo desde que salimos de Mendoza, unos diez días antes.

Hasta allí habíamos encontrado mucha amabilidad y hospitalidad pero también nos reencontramos con algunos aspectos de la Argentina que nos chocaron, quizá porque la habíamos idealizado en contraste con otros países y costumbres que veíamos en forma negativa en otras partes del mundo. Nos habíamos desacostumbrado a la brutalidad de algunos automovilistas, que nos pasaban cerca sin necesidad, algunos tocando bocina con indignación, como si por andar en bicicleta no tuviéramos derecho a usar los caminos de nuestro país. Si bien la mayoría de la gente nos trataba bien, la extrema amabilidad a que nos habíamos acostumbrado en Asia había desaparecido también. Después de haber sido extranjeros durante casi un año, nos costaba dejar de serlo.

Salimos de Mendoza de tarde luego de haber resuelto algunas cuestiones operativas: comprar algunos repuestos imprescindibles y descargar unos cuantos kilos de más enviándolos por encomienda a Buenos Aires. Habíamos subido la cordillera muy pesados y ahora queríamos ir un poco más veloces. Esa primera etapa se presentó favorable, avanzamos a buen ritmo y, a pesar de haber salido cerca de las 14 hs., llegamos hasta Santa Rosa, un pueblo a80 km. de la capital de la provincia. Allí nos permitieron acampar en un polideportivo, donde conocimos a Mónica y Hugo, profesores de educación física que estaban a cargo de la institución, con quienes charlamos largo y tendido.

Las siguientes jornadas fueron muy ventosas y las velocidades que creíamos que íbamos a poder desarrollar se nos hicieron difíciles, sino imposibles, de alcanzar. Al llegar a Desaguadero, en el límite de la provincia de San Luis, el viento ya era muy fuerte y nos costaba superar los 10 kilómetros por hora. A esa velocidad el regreso se ponía complicado. La ruta, por su parte, era muy estrecha y sin banquinas, con un intenso tráfico de camiones. Resulta difícil creer que se trata de una de las carreteras internacionales más importantes de Sudamérica. Del lado de San Luis, sin embargo, encontramos autopista. Aunque no anduvimos de noche, podríamos haberlo hecho pues se encuentra iluminada en toda su extensión, aunque no siempre el pavimento está en buen estado.

Llegamos así a la capital de la provincia, donde decidimos quedarnos un par de días y replanificar todo el recorrido para llegar a Buenos Aires el 12 de octubre (habíamos pensado en hacerlo un poco antes). En San Luis estuvimos en el canal de televisión y en una radio, la vuelta al país empezaba a tener alguna repercusión. Recorrimos un poco las sierras puntanas, yendo a Potrero de los Funes. El tiempo empezó a empeorar y salimos de la zona en medio de un temporal que nos impedía avanzar. Llegamos a Villa Mercedes, la segunda ciudad de San Luis, con un día de retraso por el viento y las pendientes que si bien leves, alcanzaban para que nuestro promedio de velocidad bajara bastante.

Saliendo de San Luis la ruta 7 volvió a la normalidad, una carretera angosta y descuidada, muchas veces peligrosa. Cada tanto teníamos que salir del asfalto para evitar que un camión nos pasara por encima, situación que se fue haciendo más frecuente al acercarnos a Buenos Aires. Fuimos pasando uno a uno los pueblos que jalonan la ruta 7: Vicuña Mackenna, Laboulaye, Rufino, Diego de Alvear. En Laboulaye, en el sur de la provincia de Córdoba, la gente de una estación de servicio llamó al canal de TV local, que vino rápidamente para hacernos una entrevista en plena ruta. En algunos de estos lugares nos dieron ganas de quedarnos aunque fuera una tarde, para poder compartir nuestras experiencias con gente ávida de conocerlas, pero nuestro tiempo estaba cada vez más justo.

Ya en la provincia de Buenos Aires el clima se volvió aun más ventoso y frío. Se ponía difícil cumplir con las metas que nos habíamos fijado. El problema en la rueda delantera nos impidió llegar a Junín y nos quedamos en un pueblito minúsculo, Saforcada, unos diez kilómetros antes. Al otro día, después de que Claudio y Felipe Impala nos resolvieran nuestro problema mecánico más urgente, llegamos a Chacabuco. Entrando a la ciudad, un ciclista que entrenaba nos preguntó si éramos la pareja que daba la vuelta al mundo. Carlos nos había seguido por Infobiker, y terminamos en su casa charlando con él y con su amistosa familia hasta tarde. Revolvió todo el pueblo para encontrar un lugar donde nos pudiéramos quedar esa noche, y finalmente fuimos a la casa de María, la directora de un jardín de infantes de la ciudad. En Chacabuco volvimos a sentir esa sensación de amistad de años con gente que recién conocíamos que habíamos experimentado en países tan distantes como Turquía o Vietnam. Pero estábamos en Argentina y a sólo 200 km. de casa.

UN FINAL DIFÍCIL
Desde Chacabuco pensábamos hacer dos etapas de unos 100 km. cada una hasta llegar a Buenos Aires. Pero la tormenta pronosticada para ese fin de semana se aproximaba. Habíamos hecho unos 60 km., llegando al pueblo de Tres Sargentos, y el día soleado y de relativamente poco viento se transformó en un día oscuro que anticipaba el temporal que en breve nos caería encima. Y, en una de las tantas veces que subimos y bajamos de la ruta para evitar camiones, una montaña de pedregullo nos jugó una mala pasada y nos fuimos al suelo. Salvo el incidente con una moto en Camboya, era la única caída del viaje, y a sólo140 km. de la meta. No fue grave, y seguimos impulsados por un viento que había cambiado repentinamente de dirección. El cielo, negro, se abrió para dejar caer un granizo bastante grueso que hacía percusión en nuestros cascos, transformándose en breve en una copiosa y fría lluvia. El viento se volvió a poner violentamente en contra y, para completar el panorama, pinchamos. La cubierta delantera que habíamos colocado en la India, 7.000 km. antes, había llegado a su límite.

Estábamos agotados y preparándonos a cambiar la cámara cuando un camionero nos hizo señas. Nos había escuchado por radio el día anterior y quería llevarnos. Estaba complicado pero no queríamos abandonar el pedaleo justo ahora, a pocos kilómetros de Buenos Aires. Le pedimos que nos alcanzara solamente hasta la siguiente estación de servicio, a unos 6 km., para poder refugiarnos del temporal, almorzar (ya eran cerca de las 15 hs. ) y reparar el pinchazo. Nos dejó en Carmen de Areco y, una hora y media después, pudimos retomar el camino.

El viento se puso peor y avanzar costaba mucho trabajo. El tránsito, pasada la tormenta, había vuelto a ponerse pesado, y cada vez era más difícil mantenernos sobre la ruta, debiendo andar sobre la banquina de pasto. Nuestro ritmo se hizo lento y pronto se puso de noche. Nuestro destino, San Andrés de Giles, estaba todavía a unos 25 km. de distancia. Estábamos terminando nuestra vuelta al mundo, nuestras familias, amigos, conocidos y muchos desconocidos que nos habían seguido por diferentes medios nos estaban esperando, y nosotros veníamos arrastrándonos, a escasos120 km. del objetivo, como si estuviéramos en una zona de geografía extrema en algún lejano y exótico punto del planeta. Parecía que nuestro viaje se resistía a terminar.

A unos 15 km. de Giles la lluvia, que había cesado, comenzó a caer nuevamente. Encontramos por suerte una casa y los dueños nos dejaron acampar afuera, bajo un alero que nos protegió del agua. Una noche más en carpa, antes de llegar.

Ver las fotos del trayecto Mendoza – San Andrés de Giles.

ÚLTIMA ETAPA
Al amanecer, en medio de una llovizna molesta, salimos para tratar de llegar a San Andrés de Giles, desayunar y contestar los numerosos mensajes que llegaban a nuestros celulares y que no podíamos responder por falta de crédito y de batería. El viento había cedido y pudimos avanzar bien. A las 11 de la mañana ya estábamos en Luján. Poco después, nos alcanzaron nuestros fieles escuderos ciclistas, los mismos que nos habían acompañado un año y doce días antes: Pedro, Rafael, Lucas y Matías, que hicieron con nosotros los 70 km. restantes. Poco después, llegaron nuestros familiares para el ansiado y emocionante reencuentro. Se fue armando así la caravana, a pesar del mal tiempo que había suspendido la carrera donde Alejandro Morasutti, de Infobiker, nos había organizado una recepción del medio ciclístico.

A partir de entonces todo fue sencillo y alegre. Se fueron sumando amigos, Renée y María Inés en auto, varios ciclistas y amigos más en la entrada a la Capital Federal y, finalmente, un lindo grupo de gente que se nos abalanzó para abrazarnos al dar la última pedaleada en el Parque Centenario. El cuentakilómetros marcaba 17.523 kilómetros, 377 días y 22 países después de la partida de ese mismo lugar, cumpliendo el objetivo soñado: la Vueltaal Mundo en bicicleta tándem.

Ver las fotos del pedaleo desde Luján y la llegada a Parque Centenario.


InfoBiker, 12/10/08 - Andrés Ruggeri y Karina Luchetti completaron el domingo 12 de octubre, la Vuelta al Mundo en Tándem. A pesar de la lluvia que obligó a cambiar los planes de la última etapa entre San Andrés de Giles y Buenos Aires, la pareja fue acompañada por varios amigos en los 110 km finales. Al llegar al Parque Centenario de la ciudad de Buenos Aires, y luego poco más de un año de haber salido desde ese mismo punto, concluyó formalmente la Vuelta al Mundo. En el Parque lo esperaba cerca de un centenar de personas que mediante los interesantes informes periódicos e imágenes que enviaban, fueron siguiendo atentamente el viaje y lo coronaron con un merecido aplauso. El cuentakilómetros de la bicicleta indicó que pedalearon más de 17500 km., pasando por 22 países. Los apagados colores de la bicicleta y las alforjas, daban indicios de la gran cantidad de horas y paisajes recorridos.
La posibilidad que tuvo el público de ir siguiendo el viaje a través del blog y los medios que publicaban los informes, hizo que las vivencias fueran compartidas a la distancia y la última jornada se viviera como un reencuentro con viejos amigos. La mayoría de la gente que se acercó los consultó acerca de anécdotas, lugares o historias que habían visto en esos informes y les llamaron la atención.

Para Karina y Andrés ahora vendrá el tiempo de la vuelta a las actividades laborales. Les quedará en sus mentes la gran posibilidad que les dio la bicicleta de tener un conocimiento más cercano del Mundo, algo que sus profesiones ligadas a las ciencias sociales les permite interpretar mejor. Por eso, releeremos lo mucho ya escrito y esperamos con ansias la publicación de un libro que seguramente inmortalizará la experiencia del inolvidable viaje.


12/10/08 - Llegada a Buenos Aires. El mal tiempo cambió los planes programados para la recepción de Karina Luchetti y Andrés Ruggeri. El último tramo del domingo 12 de octubre que estaba previsto realizar desde la carrera Lujanense de Rural Bike en Jáuregui hasta Buenos Aires, y por haberse suspendido dicha competencia, se hará directamente por la Ruta 7 hasta el Parque Centenario:
"Por mal tiempo la carrera programada en Jáuregui se suspende, por lo tanto nosotros vamos por ruta 7 hasta Parque Centenario, calculando llegar a las 18 hs.
Los esperamos ahí.
Gracias!
Karina y Andrés"

1/10/08 - El domingo 12 de octubre, después de un año de travesía por 22 países del globo, Karina Luchetti y Andres Ruggeri completarán la Vuelta al Mundo en Tándem. Y así como aquel 30 de septiembre de 2007 se los viera partir del Parque Centenario de Buenos Aires acompañados por cicloturistas rumbo a la primera etapa, varias agrupaciones se están organizando para hacer junto a los viajeros los últimos kilómetros. La convocatoria es entonces para el mediodía del 12 de octubre de 2008 en el Campo de Deportes del Colegio Lasalle de Jáuregui, sito en el km 74 de la ruta 5, Partido de Luján. El ámbito no puede ser más propicio para el encuentro ciclístico, ya que en dicho lugar se disputará la 4ª fecha del Campeonato Lujanense de Rural Bike, y seguramente habrá muchos aficionados a las dos ruedas que se verán interesados en conocer a la pareja que en bicicleta tándem logró completar la gran travesía al cabo de 17.000 km. pedaleados.

Desde Jáuregui está previsto salir rumbo a Buenos Aires por el Acceso Oeste pasadas las 14 hs.



28/9/08 - De vuelta en Argentina

Estamos de nuevo en la Argentina, empezando el tramo final para llegar a Buenos Aires. Antes de eso, debimos cruzar el océano Pacífico en dos vuelos, uno de Kuala Lumpur (la capital de Malasia) hasta Auckland, Nueva Zelanda, y otro desde allí hasta Santiago de Chile. De Santiago salimos para cruzar los Andes hasta la ciudad de Mendoza.

Ciertamente, el cruce de la segunda cordillera más alta del globo por el paso Los Libertadores, de casi 3.200 m.s.n.m., por el lado más empinado y con un tándem súper cargado (más o menos unos 60 kg. de equipaje) fue físicamente una dura prueba. Fuertes pendientes, mucha nieve, enorme cantidad de camiones que nos pasaban muy cerca (aunque siempre nos respetaron), hicieron el cruce difícil. Pero mucho peor fue para nosotros el aparentemente sencillo trámite de volar en avión, donde no tenemos que hacer nada más que sentarnos y esperar el aterrizaje en el punto de destino.

EL CRUCE DEL PACÍFICO
Ya salir de Kuala Lumpur fue una complicación: el Kuala Lumpur Internacional Airport (KLIA) no está en la capital, como su nombre parece indicar, sino a unos 80 km. de distancia. Como antes de cada vuelo, especialmente después de que Turkish Airlines nos recargó con 60 euros por la bicicleta, habíamos reorganizado todas las cosas separando las más pesadas y que podíamos pasar por los controles de seguridad para llevar en la cabina, por lo cual la bicicleta estaba más incómoda que de costumbre, con una pila de equipaje sobre el trailer. Por suerte, el vuelo era a las 20.50 hs., por lo que tuvimos todo el día para pedalear hasta el lejano aeropuerto. Con tres horas de anticipación estábamos allí, para encontrarnos con la sorpresa de que, a pesar de llevar gran peso en el equipaje de mano, nos querían cobrar 1.000 dólares por exceso de equipaje. Un precio exorbitante que excedía largamente el valor de lo que llevábamos. Buscamos todas las posibilidades, sacando peso para llevar con nosotros, intentando la forma de mandar cosas por correo (resultaba casi tan caro como lo que nos querían cobrar y llegaba a Auckland después que nosotros partiéramos para Chile) y, finalmente, desprendiéndonos de algunas cosas. Sobre la hora, casi quedándonos abajo y con grandes discusiones, logramos subir al avión sin pagar ese dineral, pero más livianos en forma involuntaria.

La estadía en Nueva Zelanda fue breve, apenas un tiempo entre vuelo y vuelo, y exclusivamente en la ciudad de Auckland, una prolija metrópoli que nos permitió una aproximación a un país que nos hubiera gustado recorrer. Pasamos del calor ecuatorial de Malasia a un final de frío invierno austral, sin transiciones. Estuvimos tres días en la ciudad, la más importante del país aunque no su capital, caminado por sus calles de estilo inglés y rigurosas reglas de tránsito, visitando el gran museo dedicado a las culturas del Pacífico y específicamente a los maoríes, antiguos habitantes de la isla.

Ver fotos de la breve estadía en Auckland, Nueva Zelanda.

SANTIAGO Y EL CRUCE DE LOS ANDES
Finalmente llegó la hora de regresar a Sudamérica. Volvimos a pedalear hasta el aeropuerto, unos 20 km., y enfrentar nuevamente la tensionante situación de "tenemos una bicicleta" y esperar las reacciones de los empleados de la aerolínea frente al longilíneo tándem. En este caso, nos hicieron embalar la bici. Como no había cajas de tamaño suficiente para nuestro tándem (en el aeropuerto de Auckland contemplan esta posibilidad y venden las cajas para embalar las bicicletas, aunque la previsión no llega al tándem), tuvimos que envolverla en rollos de cartón, que debe ser el más caro del mundo, 30 dólares neozelandeses, unos 20 de los estadounidenses. También les sacamos los pedales, platospalancas y la cadena del lado izquierdo, para que el bulto fuera menos ancho y no nos cuestionaran que pudiera romper otros equipajes. Despachado todo justo antes de que el avión saliera, un último inconveniente antes de subir: Karina tuvo que ir a explicar que el cartucho de nuestro calentador no era un peligroso explosivo. Aclarado esto, despegamos.

Cuando llegamos a Santiago, el día 18 de septiembre al mediodía (habiendo salido de Auckland el mismo 18 pero a las 6 de la tarde, es decir, llegamos antes de salir, recuperando un día como Phileas Fogg en La vuelta al mundo en 80 días) nos encontramos con la sorpresa de que faltaba el bolso del trailer, el mismo que había sido demorado por los celosos neozelandeses. No habían alcanzado a subirlo al avión y venía al día siguiente. Quedamos a pata, la transmisión primaria de la bicicleta estaba en ese bolso. Tuvimos que dejarla en custodia en el aeropuerto e ir a una Santiago desierta por el feriado larguísimo con el que se celebraba de la independencia de Chile (tres días más el fin de semana), hasta el día siguiente, en que llegó el bolso y pudimos completar nuestro vehículo.

El feriado riguroso chileno nos complicó los planes, pensábamos mandar por correo a Buenos Aires algunas cosas que no necesitábamos para hacer algo más livianos el ascenso, pero tuvimos que esperar hasta el día siguiente para poder hacerlo. Después, bastante tarde para lo que pretendíamos hacer en el día, salimos. Por suerte y como contrapartida a los problemas, pudimos atravesar una Santiago bastante tranquila, con pocos autos, hasta salir a la ruta abierta. La cordillera se veía enorme hacia el este, ampliamente nevada con un cielo intensamente celeste de fondo. La ruta era una autopista que fue lentamente ascendiendo, hasta ponerse cada vez más empinada y dificultarnos la llegada a la ciudad de Los Andes. Ya casi de noche, decidimos buscar un lugar para quedarnos. Preguntamos en un bar en el que minutos antes habíamos tomado un café y nos permitieron acampar en los fondos. Mientras cenábamos, los dueños y una familia visitante bailaron cuecas y nos hicieron pasar un buen rato.

Al otro día cruzamos el túnel Chacabuco (cerca de los campos donde se libró la famosa batalla) en una camioneta, porque no está permitida la circulación de bicicletas, siendo los mismos empleados de vialidad quienes cruzan a los ciclistas. Del otro lado descubrimos que se había pinchado la ruedita del trailer y, mientras la reparábamos, conversamos con un grupo de ciclistas de la zona que nos dieron valiosos detalles sobre la ruta. Unos 20 km. más adelante llegábamos a Los Andes, donde almorzamos y nos mentalizamos para la terrible subida que íbamos a enfrentar. Eran 63 km. entre los 800 y los 3.200 metros de altitud, un desnivel de 2.400 metros.

Apenas saliendo de Los Andes el camino se hizo cuesta arriba. En los primeros 20 km. en que la ruta se fue metiendo entre las montañas, el promedio de velocidad no fue, sin embargo, muy bajo. Pero pasando esa distancia, la subida se puso peliaguda y el sol bajaba rápidamente. En un paraje llamado Los Papeles, donde una placa recordaba un combate librado por el patriota chileno José Miguel Carrera contra los españoles en 1814, acampamos.

El día que siguió fue el del ascenso más duro. Siempre las subidas son más difíciles con el tándem y más con tanto peso como llevábamos. De a poco fuimos acercándonos a la zona donde la nieve blanqueaba las montañas. Aparecieron los primeros "cobertizos", unas galerías que cubren la ruta en las zonas donde la nieve tiende a taparla. Al cruzarlos, fríos chorros de agua del hielo que se iba derritiendo por el sol nos caían en la espalda, y bloques de hielo en el suelo hacían peligroso el tránsito. Cruzamos luego unos ciclistas de la localidad bonaerense de 9 de Julio que venían haciendo el descenso.

Bastante más tarde de lo previsto llegamos al comienzo de los famosos caracoles, las 25 curvas que hacen el ascenso final hasta el paso Los Libertadores. Los camiones subían con esfuerzo y nosotros, muy lentamente, fuimos desandando las curvas entre muros de nieve. Cuando estábamos llegando a los últimos dos cobertizos, oscureció. Cruzamos el último de éstos en la oscuridad, con el hielo tapando las ventilaciones y, junto con ellas, las últimas claridades. Con una linternita y un destellador les avisábamos de nuestra presencia a los camiones que pasaban tronando para no ser arrollados. Al salir del túnel, ya estaba oscuro y decidimos caminar por la resbaladiza carretera, hasta llegar, agotados y tensionados, esquivando camiones, después de empujar el tándem los últimos kilómetros, hasta el puesto fronterizo chileno. Había una hostería, rodeada de hielo y nieve, donde por suerte nos pudimos quedar esa noche.

A la mañana siguiente hicimos los últimos 6 km. de ascenso hasta llegar al túnel que cruza la montaña y la frontera. Otra vez nos cruzaron en camión. Y, después de casi un año, volvimos a la Argentina.

Comenzamos el descenso por un camino con menos nieve que del otro lado de la frontera. Algunas pequeñas pendientes nos hicieron sudar un poco, pero mayoritariamente, por supuesto, fue bajada, pasando por Puente del Inca, Penitentes, Punta de Vacas, Fortín Picheuta, todos lugares que, salvo una breve parada en Puente del Inca, pasamos de largo lanzados hacia abajo. Pero a partir de Picheuta la ruta se estabilizó y empezó a alternar subidas y bajadas. Ya se había hecho tarde nuevamente y pedaleamos en la oscuridad los últimos kilómetros hasta llegar a Uspallata. Allí, nos lanzamos de cabeza a una parrilla, con meses de abstinencia carnívora (en las proporciones argentinas, claro).

Un día más y llegamos a la capital mendocina. Sin embargo, no fue todo bajada. El nuevo dique Potrerillos alargó 20 km. la ruta con relación a la que Andrés había hecho subiendo en su viaje a Cuba en 1998. Y en ese agregado apareció una subida de 9 km. rodeando el lago que se formó en la zona. Una vez más, apuramos el tranco para llegar antes del anochecer. La rueda delantera, para colmo, se venía desinflando, y los dos o tres parches que le fuimos poniendo no aguantaban las dimensiones de la pinchadura. Y la mayoría de las cámaras de repuesto estaban entre las víctimas del exceso de peso de Malaysia Airlines.

Entramos a tiempo a la ciudad de Mendoza. Las últimas cuadras, ya más distendidos, las hicimos a pie con la rueda delantera en llanta, pero ya no importaba. Allí nos quedamos en la casa de nuestra amiga Mónica Huertas, hasta empezar el recorrido hacia Buenos Aires, en el final de nuestra vuelta al mundo en bicicleta tándem.

Ver fotos de la desierta Santiago en el feriado de la independencia, con desfile militar incluído.
Ver fotos de nuestro cruce de los Andes por el paso Los Libertadores.

Etapas anteriores en el Blog de la Vuelta al Mundo en Tándem: http://elmundoentandem.blogspot.com/


ENTRE MALAYOS, CHINOS E INDIOS

16/9/08 - Nuestra entrada por mar a Malasia nos dejó en la isla de Pulau Langkawi, centro de un fastuoso negocio turístico, pleno de resorts y hoteles de lujo. Soportamos allí sólo un día, y volvimos a embarcarnos para cruzar a otra isla que nos resultaba más interesante: Pulau Penang.

En Penang nos encontramos con otra faceta del país, más acorde con su realidad histórica y cultural. Su capital, la ciudad de George Town, recientemente incluida en el listado del Patrimonio Mundial de la UNESCO, es una ciudad relativamente antigua donde conviven en cierta armonía (cosa difícil en otras partes del mundo no tan lejanas) colectividades étnica, cultural y religiosamente muy diferentes, siendo las más numerosas los malayos islámicos, los chinos y los indios, estos últimos tanto musulmanes como hinduístas.


LA PARTIDA

30/9/07 - El domingo 30 de septiembre de 2007 comenzamos nuestro viaje. A las 9 de la mañana llegamos con la bicicleta recién cargada (y más pesada de lo que esperábamos) al Parque Centenario, donde nos esperaban numerosos amigos, familiares, compañeros, gente que se acercó a partir de enterarse de distintas formas de nuestro proyecto.

Fuimos acompañados por amigos hasta la General Paz y por los ciclistas Pedro, Matías, Lucas y Hong Shih Yu hasta nuestro primer destino, Campana.

Llegamos a las 5 de la tarde, luego de recorrer 82 km., la mayor parte de los cuales transcurrieron por la colectora de la ruta Panamericana.


25/9/07 - El domingo 30 de septiembre, Karina Luchetti y Andrés Ruggeri emprenderán la Vuelta al Mundo en Tándem. El ambicioso viaje del responsable de la sección Cicloturismo Autosuficiente de InfoBiker y su mujer, se iniciará en el mástil de Parque Centenario de la Ciudad de Buenos Aires (Díaz Vélez y Leopoldo Marechal, CABA) a las 9 hs. del domingo. Desde allí los ciclistas que lo deseen podrán acompañarlos en el primer día de pedaleo, que concluye en la localidad de Campana. Pueden regresar desde cualquier punto del camino o, en grupo, en tren desde Campana.

En la página de la Vuelta al Mundo en Tándem hay ya abundante información para interiorizarse de los detalles técnicos, apoyos y preparativos del viaje, como así también una dirección para recibir la actualización periódica por e-mail: www.infobiker.com.ar/cicloturismo

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