Aventuras en bicicleta

Travesía del Paso de Pircas Negras

Por Marco Müller

 

SÍNTESIS: Cruce de la cordillera de los Andes por el difícil y poco habitual paso de Pircas Negras, entre Villa Unión (La Rioja, Argentina) y Copiapó (Chile), por caminos de ripio poco transitados y gran altura, entre los 1150 m. y los más de 4400 en el punto más alto.

 

Recorrido

De Villa Unión (La Rioja, Argentina) a Copiapó (Chile)

 

Distancia

440 km.

 

Puntos sobresalientes

del trayecto

Cruce de la Cordillera de los Andes por el paso Pircas Negras.

 

Fecha

 6 al 17 de octubre de 2004

 

Bicicleta

GT Agressor (Marco Müller)

  Participantes Marco Müller, Sebastián Herts, Cristian Riffo y Jorge F. Pablovsky.

 

Este camino ya nadie lo recorre, salvo el crepúsculo.

                                               Matsuo Boshoo

Marco Muller, Sebastián Herts, Cristian Riffo y Jorge F. Pablovsky culminamos el 6/12/2002 con los preparativos. Ese día tomamos el micro hacia La Rioja, objetivo: cruzar en bicicletas y sin vehículo de apoyo el Paso Cordillerano de Pircas Negras.
Partiendo de la premisa que los antiguos romanos decían: “La aventura puede ser loca, pero el aventurero debe ser cuerdo”, es que durante casi un año trabajamos en los preparativos del viaje, Marco en una constante búsqueda de datos por Internet, qué temperatura y qué ropa, qué clima y comida, qué cuánto gas y proteínas, consultando aquí o allá, aceptando y desechando datos, Sebastián, especializándose en el GPS (Geoposicionador satelital), yendo al Instituto Geográfico Militar a cargar los datos cartográficos, distancia, refugios, con un cúmulo de información que no llegamos a usar. Cristian, coordinando los mil detalles, recuerdo que en una oportunidad me comenta que había realizado una proyectada llamada al comandante de la tercera región militar de Chile (Copiapó-Carabineros) y lo eficientemente que había sido atendido las dos veces que llamó. Justo en esa época yo estaba realizando, enviado por la empresa para la que trabajo, un curso de “calidad total” ¡la atención fue de manual!!! Y cuando llegamos a Chile, personalmente fue igual.

Bicicletas, ropas, comidas, todo controlado y empacado, micro, tensión, Rosario, nervios, Córdoba, más inquietud, La Rioja, llegamos, trasbordo a Villa Unión, no más preocupaciones, la suerte estaba echada.

Al día siguiente, 16:37 hs., llegamos a Villa Unión, en un buen viaje, con clima cálido, acampamos en el ACA de esa localidad, altura 1150 m. SNM, posición S 29° 20’ 68.13’’.

Cena con cerveza y buen vino patero.
Domingo lluvioso, ordenamos el equipo, armamos las bicis, nos preparamos y aclimatamos, paseamos por la localidad y visitamos el cementerio, donde entre tumbas muy viejas de adobe, está la del “Niño Milagroso”, o “El Angelito”. La visita y el paseo, a pedido de Cristian, valió la pena por la belleza y la imponente posición del lugar.
El lunes a las 8:00 h, ya muy bien desayunados, partimos con pedaleo de baja intensidad probando el carrito que llevaba los bidones para la futura carga de agua (en el camino, casi no hay agua, y los ríos que la recorren tienen altos contenidos de sales y arsénico, los que no lo hacen recomendable para tomar por nosotros, no habituados a esas aguas). Vamos por ruta, pero ya es desierto, todo arena, piedras, y todavía algunos achaparrados arbustos, algún corral, y a las 12:49 hs., llegamos a Villa Castelli, sin inconvenientes, altura 1400 m. SNM. A esa hora, nadie por las calles, sólo encontramos un vecino en la puerta de su casa, charlamos, se asombra por nuestro viaje, nos ofrece agua fresca, y paramos en la plaza del pueblo para almorzar. Bajo un implacable sol, descansamos bajo las arcadas de la iglesia del pueblo con una temperatura de 36°. Continuamos la marcha, a una altura de 1534 m. SNM, llegamos a Vinchina a las 18 hs. del lunes, todavía por pavimento (espectacular pueblo al pie de la montaña), casas de adobe, todo muy limpio, una hermosa escuela y nos asombra una moderna sucursal del Banco de la Nación. En el pueblo nos paran para preguntarnos por el viaje, la gente nos da indicaciones, sugerencias, nos cuenta sus experiencias en la montaña, y del viento blanco. Invariablemente, nos despiden con un Que la Virgen de Andacollo los proteja”  ¡Después supimos por qué! Y nos emocionaba la calidez con la que nos pedían que nos cuidemos, entre otros un par de maestros de la escuela.

Vinchina tiene 305 años de antigüedad, habitados en su época por los diaguitas y con presencia inca. Allí está el grupo Vinchina de la Gendarmería Nacional que, ya enterado de nuestra llegada, nos esperaba (eso fue parte del trabajo previo antes del viaje). Y mientras estábamos allí, llamaron de la Subsecretaría de Turismo ocupándose también de nosotros.

Recibidos por los señores Rivero y Carrizo, a cargo de ese grupo, quienes nos invitan a pernoctar en las instalaciones, habilitan las duchas ¡qué placer!... Cenamos, charlamos, nos asesoran ampliamente, mapas en mano, por las características del terreno, clima, y nos brindan su amplia experiencia que agradecemos y valoramos grandemente. De la mano del Sub. Rivero (que es un corredor de carreras en bicicleta) intercambiamos las máquinas, recorriendo el pueblo. Me lleva a comprar unas cosas para la cena, y en cada negocio nos preguntan por el viaje, vamos a la radio del pueblo, donde planificamos un reportaje que no pudo ser por falta de tiempo.

San José de Vinchina tiene también un molino harinero que funciona actualmente y fue construido en 1830. Lo construyó Pedro Martínez, sin utilizar un solo clavo, las puertas, ventanas, están unidas por tarugos de madera. También son de madera las bisagras y algunos mecanismos del molino.

El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos.

A la mañana siguiente, fotos, despedida, partimos (gracias grupo Vinchina de la Gendarmería Nacional).

Olvidaba comentarles: llevábamos ropa para entregar en la iglesia de Alto Jagüé, un paquete grande, y como debían los gendarmes viajar a ese pueblo, llevaron los paquetes en su Unimog, por lo que a su vuelta los cruzamos en la montaña, a más que siguieron monitoreando nuestro viaje, ya les contaré algo más. En el viaje, pasamos por la imponente Quebrada de Troya, por las geométricas estrellas de 28 m. de diámetro, grabadas en las rojizas rocas por las antiguas culturas indias. Pasamos sin ver los saltos de aguas y nos dirigimos a Alto Jagüé, que junto con Vinchina eran años “HA” paradas de los arrieros que llevaban ganado a Chile, en el camino, a lo largo de todo el viaje, vimos vicuñas, guanacos (muchos), zorros, piuquenes y teros reales.
Duro... Con calor, en medio del desierto, por soledades absolutas, parando bajo un puente del camino para descansar, pues no existe reparo al sol, con remeras de manga larga, protector solar 29 para montaña, y aún así se nos quemaba la piel, fundamentalmente a Marco y a mí (Jorge) que somos muy blancos.
Pedaleamos, siempre cargados, y Cristian arrastrando el carro. 15:30 hs.: llegamos a Alto Jagüé, en la entrada del pueblo los guarda faunas nos cobran la entrada, 5 pesos cada uno, no entendemos por qué (perdón nuestra ignorancia), pero pagamos el peaje, seguimos pedaleando por la única calle del pueblo, de aprox. 200 habitantes, casas de adobe alineadas sobre la única calle a dos metros de profundidad, ya que corre sobre el lecho de un río seco, y nos encaminamos hacia la iglesia de la Virgen de Andacollo, cuya historia nos contó Jesús Miranda y su esposa, maestra de la escuela, la que más abajo transcribo, recopilada por Sebastián:
La historia comienza en Copiapó, Chile, donde nace Juan Miranda, en el año 1881.Era hijo de un torero y cirquero  español y de una argentina de San Juan. Esta señora estando en Copiapó da a luz a Juan y como muestra de agradecimiento a esa población regala 2 palomitas de plata a la iglesia local. A su vez, el cura del lugar le obsequia la imagen de la Virgen de Andacollo. Esta imagen pasara  a Juan, como regalo de su madre, cuando ya se encontraba anciana, al tiempo que le pedía que la conservase consigo mismo para siempre o en caso de querer regalarla lo hiciera a una iglesia pobre.
Juan Miranda era hombre de muchos oficios. Tenia, entre otras actividades, la dirección de un circo itinerante de 2 pistas. Como era joven y emprendedor, decidió viajar a la Argentina con su circo, cruzando por San Juan. Más tarde pasó a La Rioja, donde conoció a un cura quien sería muy importante en su vida. Una vez, viendo el religioso la devoción de Juan por la misa ,y que se quedaba siempre después de la misma orando, comenzó a formarse una fuerte amistad entre ambos. Hablando en otras ocasiones, llegaron a saber que el cura y el padre de Juan eran vecinos no solo de la misma provincia en España, sino del mismo pueblo en Málaga. La amistad llegó a ser muy grande hasta que en una reunión en Villa Unión con las autoridades el cura le pidió que llevara la imagen de la Virgen a unas localidades en ese entonces muy atrasadas, pobladas en su mayoría por indígenas que no habían sido aun cristianizados. Este lugar es lo que ahora es el pueblo de Jagüé ("lago",en quechua, ya que en la zona hay aguas surgentes).Juan se negó en un principio, por ser aquella comarca tan aislada, pero ante la insistencia del cura finalmente cedió. Llegó a Jagüé con ayudantes y 5 mulas portando la imagen. Una de las mulas, la que llevaba la Virgen, se echó a la entrada del pueblo. Con esfuerzo la hicieron seguir, pero volvió a caer mas adelante, en donde ahora se levanta la escalera del patio frontal de la iglesia. Esta vez la mula mostró lo peor de la tozudez que puede tener este animal y no quiso continuar. Juan tuvo una serie de sueños iguales mientras estaban en Jagüé y en ellos se le aparecía la Virgen de Andacollo que le decía: Juan, quedate aquí y haceme un templo. Y esta es la historia del templo que ahora es la iglesia de la Virgen de Andacollo que Juan Miranda construyó con su esfuerzo de toda una vida mientras seguía trabajando en su circo. Su hijo Jesús cuida hoy día de la iglesia, como le pidiera una vez su padre.
Filmamos la práctica de un baile que estaban haciendo los pobladores para la próxima fiesta de la Virgen y que deriva de antiguos bailes de los mineros chilenos, visitamos la iglesia, que fue abierta para nosotros, cenamos, charlamos mucho con la gente, Miranda nos cede una habitación con camas para los cuatro, y nos agradece la ropa que trajo de parte nuestra el Unimog de Gendarmería ¡y no le podemos explicar que para nosotros fue un placer ese pequeño gesto de solidaridad! El pueblo es pintoresco a nuestros ojos (tiene dos enormes iglesias), preguntamos y nos explican que son distintos patrones. Por la noche, a la luz de la luna, y la iluminación del enorme parque de la iglesia, nos recomponemos del terrible sol de la travesía hasta Jagüé.
Salimos desayunados y todo listo, nos despide Miranda a las 6:15 de la mañana, con 7° de temperatura, amaneciendo, comienza otra subida, altura 2142 m SNM. Son las 8:00 y tenemos de pedaleo neto 1:20, seguimos, son las doce y media, 30° de temperatura, se notan los 2625 m, tenemos 3:45 de pedaleo neto y se nota la presión atmosférica. Paramos a tomar agua (habíamos cargado el carro con los bidones de agua llenos). Lo que se ve es: piedra y arena, siento que al escribir estoy dejando de lado mil cosas, vistas, sentidas, hermosas, pero para no repetir la historia que (mejor por cierto) cuenta J. L. Borges, la historia del hombre que para contar su vida tarda toda una vida, resumo.

Altura: 2843 m, según el GPS. Temperatura 27°, todo el camino casi recto, siempre en subida, sin grandes sinuosidades y a los bordes, desierto.
A lo lejos, se divisa algo plateado, ¿qué será? Seguimos bajo el sol pedaleando, disfrutando el paisaje, indescriptible, es un parador cerrado de la empresa Roggio (sabíamos de su existencia). El sereno había bajado al pueblo y había un chofer que trabajaba para la UBA con dos geólogos que en esos momentos estaban en la montaña. Descansamos, y en el río que pasa cerca, y del que no podíamos tomar agua, me baño y refresco. 4:45 hs. de pedaleo neto. Marco, Seba, Cristian, Jorge, vamos bien!!
Continuamos el camino que se complica, y debemos ayudar a Cristian con el carro. Marco arrastra atado con una soga la bicicleta y el carro del agua por caminos de roca suelta, muy suelta, 2900 m. con 23° de temperatura. Vamos despacio, 5:25 hs. de pedaleo neto, siendo las 19:30 imposible seguir más. Pronto oscurecerá, faltan según el GPS, 12 km. para el próximo punto, pero no llegaremos, 2976 m., 15° de temperatura, decidimos parar, antes que se haga de noche, y en un arenal armamos las carpas (en varios, muchos, tramos Marco y yo arrastramos juntos el carrito) Estamos todos muy cansados, preparamos la cena, y al alumbrar a la distancia la montaña, nos devuelve el reflejo de muchos ojos que nos están mirando.
Por la mañana, con frío, siendo las 9:10, salimos, caminando tramos por la dificultad del camino. Con el carro no se puede avanzar, y a las 11:30 nos cruzamos con un arriero a caballo que lleva a pastar (veranada) vacas. Charlamos, nos informa de mayores dificultades en el camino, y hasta ese momento habíamos avanzado 6 km. muy duros, continuamos hasta 3381 m., 25° de temperatura, sopla viento fresco, del paisaje, sólo del paisaje, podría escribir un libro, curvas, contracurvas, subidas, piedras, arenales, montañas que cambian de color, marrón, en las gamas que no conocíamos, negros, grises, sambayón en muchos lados, entre todos elegíamos colores y soñábamos con que ese era el gusto del helado que comeríamos.

Ya lo habíamos hecho, y comenzamos a realizarlo con más regularidad, pulsaciones y tiempo de normalización. Sigue la subida empinada, roca suelta, arena, 3543 m. y se nota la presión. A veces hacemos veinte metros y paramos, se levanta viento fuerte, por suerte a favor. No se ve, pero seguimos avanzando hasta que divisamos lo que es el Refugio El Peñón, llegamos, y nos abrazamos de felicidad.
Construido aproximadamente en 1877 por orden de Sarmiento, existen varios en la zona y se parecen en su diseño al nido de un hornero, allí nos encuentra Santiago Nielsen, que trabaja en una empresa que está explorando el macizo del Potro, quien nos comenta que del Refugio Barrancas Blancas y Gendarmería le avisaron que nos encontraría en el camino. Charlamos, nos deja saludos, comenta que nos están esperando más adelante en el obrador de Vialmani, cerca de la frontera, y que en el pueblo se comunicará con Gendarmería (a pedido previo de éstos).
Filmamos y él nos saca la foto en la que estamos los cuatro en el Refugio El Peñón.

Dejamos nuestra historia hasta ese punto y lo que pensamos hacer en un libro de notas existente en el Refugio, allí tomamos nota de las direcciones @ de varios españoles que habían realizado con vehículo de apoyo parte del trayecto, F. Hernández y Casanova, de Islas Canarias, R. Mojardín y Parra de Asturias, F. Jiménez y R. García de Ávila y León. Hacemos fuego en el Refugio, gracias a que alguien había dejado leña, armamos las carpas, cenamos, charlamos, a dormir, después de dejar en orden las bicicletas.
5:30 arriba, a pesar del fresco, y a las 6:15 llega con su 4x4 Nielsen, nos trae de regalo unas frutas (gracias Santiago), nos avisan que nos cruzaremos con una camioneta de la empresa Vialmani, cosa que sucede al rato, 7:15 de la mañana, y que en su obrador nos esperan, también que Gendarmería le informó que Carabineros de Chile nos esperaban en la frontera “sí o sí” el 17, que por cierto estaba cerrada pero que nos habían permitido el paso ¿Recuerdan la comunicación que tuvimos con el jefe de la 3° región de Carabineros de Chile? Bien, en la primera llamada, como era tarde no lo encontramos, y en la 2° oportunidad y atendió, y a más de preguntarnos detalles del viaje, asesorarnos para un mejor desempeño, se solucionó todo el tema del cruce de la frontera. A esa altura de los acontecimientos y en el Refugio, ya habíamos decidido abortar la subida al Volcán Inca Pillo, o Corona del Inca, dada la dificultad de lo pasado, y lo por venir, aunque soñamos poder hacerlo viniendo en otra oportunidad (en camioneta).

7:40 hs: partimos, Marco y Jorge atados a sogas, arrastrando la bici que pedalea Cristian que arrastra el carro. En los tramos más difíciles, Seba avanza, deja su bici y vuelve para empujar en las subidas, así avanzamos con el carro con los 60 litros de agua completos, que recargamos en el manantial de agua potable existente a 25 m. del Peñón. 4° de temperatura y seguimos avanzando, son las 10:30, 3910 m., vamos muy lentos, es pesado, cansador, muy empinado. Recuerden que llevamos todo cargado en las bicis, ropa, carpas, bolsa de dormir, aislantes, comida, gas en garrafas, cocina, ollas, etc. preparados para soportar los 36° sobre cero o los 22° bajo cero que también sobrellevamos. A más, repuestos para las bicis, medicamentos, hasta lapiceras y papel para anotar los datos que en parte volcamos aquí. En el libro del Peñón, alguien anotó que no había que usar lapiceras tipo Pilot (con tinta) pues se revientan. Y es correcto. A mí se me reventaron, ensuciándome, las dos que llevaba. Seguimos con el bolígrafo de Marco, del que me apropié.
Continuamos, sentimos la altura, cada vez más, 11:35, paramos después de atravesar largos tramos de arena, que son como el infierno, pero sin fuego. Controlamos las pulsaciones, 12:10, 23°, 4009 m., subiendo, 4100 m., paramos para mirar hacia abajo el camino recorrido, nos enorgullece saber que seguimos y nos da fuerza ver lo que ya realizamos. A los 4164 m., nos rebasa la camioneta de Vialmani, que venía de Vinchina y también la camioneta de Pepe Orquera, de actividades al aire libre, Corona del Inca, que llevaba a dos franceses a la Laguna Brava. Conversamos con él y la pareja de turistas franceses, que recorrían América hablando muy bien el español. Pepe se ofrece para lo que precisemos (Gracias Pepe). Nada precisamos, y seguimos la durísima cuesta. 4375 m. SNM, 4402 m., continuamos por la zona de Laguna Brava, vemos el Refugio a la vuelta de la laguna, la que es salada y tiene 16 km. de largo por 3 km. de ancho. En tramos anteriores Marco sintió la altura y avanzamos a su ritmo. Antes de llegar al Refugio, se hace de noche, se levanta viento fuerte, y con mucho frío, tardo en abrigarme y me enfrío. Bien, los últimos 1000 m. los hago caminando, ayudado por Cristian, y Marco que saca fuerzas escondidas, llevando con Sebastián las bicicletas al refugio. Se arman las carpas, cocinamos unas sopas reconfortantes, a descansar.

Al día siguiente, todo descanso, para reponer fuerzas, controlamos el GPS, comemos bien, paseamos por la hermosa laguna, y cuentan las antiguas historias que ésta se enoja cuando llegan extraños, que reacciona defendiéndose, con fuertes vientos (los sentimos) y aún más fuerte oleaje. La laguna, que es salada y llena de flamencos en proceso migratorio, es imponente. No vimos gente, sólo las camionetas y las personas que les comentamos. Sigo resumiendo porque lo visto es indescriptible, mejor dicho, se puede describir pero haría falta un libro. Al lado del refugio, está la tumba del “destapado”, y se ve la estructura ósea de un arriero, según algunos, o de un cuatrero, según otros, que falleció de frío en el lugar, y le dicen el “destapado”, porque destapa la tumba si alguien la tapa (así es lo que se cuenta).
Después del día reparador, salimos a las 8:00 hacia el Refugio El Veladero, 4° de temperatura, y cuando nos levantamos hacía 1° bajo cero, con muchísimo viento, para hacer honor a la laguna. Seguimos subiendo, llegamos al Refugio, al que no podemos entrar porque está totalmente lleno de hielo, de la nieve que entró en el invierno, y se endureció hasta la puerta de entrada. Almorzamos pan, queso, fiambre, a reparo del viento, el mismo que luego nos impide pedalear, arrastrando las bicicletas. Atravesamos ríos varios en todo el trayecto (es siempre el mismo en distintos tramos), pero en esta oportunidad superamos agua de deshielo cruzando mucho hielo por el camino. Avanzamos con precaución, avanzamos, avanzamos, en el cambiante paisaje. Armamos las carpas al atardecer, en medio (de nuevo) de la nada. Ponemos grandes piedras dentro de las mismas, para que no levanten vuelo con el viento, y la que utilizamos Sebastián y yo, que es más alta, debemos atarla mucho más. A la mañana siguiente, el río estaba congelado. Medimos 22° bajo cero, y por la noche faltaba el aire, sintiéndonos apunados. Según el GPS faltarían 12 km. para la base de Vialmani, pero ya habíamos visto que el GPS nos mostraba las distancias en línea recta, y eso no existe en la cordillera. Seguimos, saliendo a las 8:00 hs., con 0° de temperatura, después de varias subidas con también veloces y terribles bajadas, caminos con grandes y sueltas piedras, llegamos por fin al obrador. Si bien la subida es difícil, la bajada puede ser mortal, por la velocidad y el riesgo de caerse. Allí siento que mi bicicleta derrapa; pienso que estaré haciendo alguna maniobra inadecuada, y bajo la velocidad.

Llegamos. Nos espera Juan Carlos Cabral, de Vinchina, mecánico y antiguo trabajador de los caminos (había recorrido muchísimas montañas con su actividad) y Daniel Funes, alias Guanaco, de Jáchal, quienes con cálida recepción, nos habilitan para dormir en el obrador, una hermosa ducha caliente, lavamos las ropas, cenamos invitados por esta buena gente, y nos deleitamos escuchando sus historias de la construcción de los caminos (para otro libro).

Tristeza. Con tristeza, pero con respeto a su decisión, Sebastián abandona. Se queda en el obrador y volverá al pueblo cuando nuestros anfitriones regresen para aprovisionarse.

A la mañana siguiente (¿por qué no?) otra vez ducha y a afeitarse (sólo Jorge). Y soporto las cargadas de Marco y Cristian, quienes habían hecho voto de suciedad, aunque yo los vi bañarse; afeitarse, se lo prohibía su promesa.

Al armar las alforjas para salir, distribuimos las cosas que tenía Sebastián, con Marco vemos que se había roto mi portaequipaje, allí entendí el porqué de las derrapadas en el tramo final de las bajadas (desgracia con suerte), sacamos el porta roto y ponemos el de Seba que nos deja en ese punto de la travesía, pero que con Daniel Funes y la colaboración de Cabral que la noche anterior había hablado por radio informando a Gendarmería que estaba todo bien, con la camioneta se nos adelantó y nos ayudó por cierto cuando llegamos al Hito para sacarnos fotos y filmarnos. Los cinco tomamos el champán que todo el viaje transporté en las alforjas, con cuidado para que no se rompa (le enviamos un poco a Cabral, espero que le haya llegado).
Lloramos de alegría. Y los tres, Marco, Cristian y Jorge, cruzamos la barrera de la frontera, ingresando a Chile por el Paso de Pircas Negras,  Ya sabíamos que si Carabineros no estaba, teníamos autorización de paso y que ellos nos esperaban en el pueblo. Antes de pasar, comimos queso y dulce que nos quedaba, pues nos habían indicado que no podíamos pasar productos no enlatados.
DESCENSO, alguna subida, pero descenso. Con cuidado, pero todo lo rápido que se podía, parando para esperar a Cristian que por arrastrar el carrito tenía otra velocidad, aún de descenso. El descenso es tan bello, más después de tanta subida, que ni paramos para nada, meta descenso, hasta que en un punto se rompió un eje del carrito. Armamos las carpas y reparamos el eje del carro con los repuestos que teníamos.

Del otro lado de la Cordillera, el paisaje es totalmente distinto, una belleza distinta. Seguimos pedaleando, sorteando varios inconvenientes, derrumbes sobre el camino, con rocas de más de dos metros de altura, 4217 m. SNM, caminos cortados por la nieve, por lo que teníamos que subir por la ladera de las montañas, yendo y viniendo los tres con cada bicicleta. Pasamos por el control del SAC (sanidad animal) y primer puesto que vemos en Chile, a 27 km. de la frontera. En determinado momento, acercándonos ya, y habiendo cumplido lo fundamental de la travesía, nos encontramos con una maravillosa y solidaria persona que resultó ser Oscar Flores, de la ciudad de Copiapó y que trabaja en una mina de la zona, quien se detuvo para ofrecernos agua y asesorarnos sobre las dificultades del camino, ayudándonos en el tramo final hasta llegar a Copiapó, donde inmediatamente nos dirigimos a la Central de Carabineros, quienes al vernos nos manifestaron su preocupación ante el hecho de habernos desencontrado, pues habían ido a buscarnos a la frontera, no pudiendo llegar por los derrumbes del camino.

Después de los controles de Sanidad y Policía Internacional (Aduana), tuvimos una muy amable conversación con el comandante de Carabineros, coronel Carlos Astorga, prefecto de Carabineros de la Prefectura de Atacama, quien nos manifestó, en la charla, que el gobernador de Atacama también estaba preocupado por nuestra llegada.
Descansamos en Copiapó, y al día siguiente partimos en micro, con las bicicletas embaladas, hacia Santiago de Chile. De allí, trasbordo a Mendoza, y de Mendoza a Buenos Aires, misión cumplida.

MUCHAS COSAS SE CONSIDERAN IMPOSIBLES DE HACER, HASTA QUE ESTÁN HECHAS (Plinio)