Aventuras en bicicleta

Travesía del Paso de Jama (2)

Por Julio C. Benítez

 

SÍNTESIS: Impresionante cruce de los Andes por el Paso de Jama, entre Antofagasta (Chile) y S.S. de Jujuy (Argentina), empezando en pleno desierto de Atacama y cruzando abras de altura (como el Abra de la Pacana, a 4750 m.s.n.m.) durante 10 días, recorriendo casi 850 km. (segunda parte)

 

Recorrido

De Antofagasta (Chile) hasta S.S. de Jujuy (Argentina).

 

Distancia

835 km.

 

Puntos sobresalientes

del trayecto

Desierto de Atacama, San Pedro de Atacama, Abra de la Pacana, Paso de Jama, Cuesta de Lipán. Altura máxima: 4750 m. (Abra de la Pacana, Chile)

 

Fecha

 9 al 18 de noviembre de 1995

 

BicicletaS

MTB cuadro Sakae Litage y Nishiki (21 vel. Shimano Alivio/Deore, ambas)

  Participantes Pablo José S.M. Pereyra (45) médico oftalmólogo y Julio C. Benítez (47) empleado de comercio

 

5ta. Etapa. 14/11/05

La mañana siguiente amaneció con 8 grados bajo cero, pero casi sin viento y con un tímido sol matinal estaba tan agradable que dudamos del termómetro. Descansados y alimentados atacamos los últimos 300 m. de ascenso y en dos horas por fin estábamos en el abra de La Pacana, después de 65 km. de ascenso continuo comenzados el día anterior. A 4750 m. era la cota máxima de nuestro viaje y disfrutamos de una gran vista de los salares y volcanes. Aprovechamos la parada para filmar, tomar fotos y celebrar la cota, pero en seguida nos largamos para abajo empujados por el frío viento del oeste.

El descenso hasta los 4000 m. (que iba a ser la altura promedio durante los próximos 200 km.) no fue muy rápido. El pésimo estado del camino y el fuerte viento cruzado hicieron que nos cayéramos dos o tres veces, sin mayores consecuencias, ya que el arenal nos frenaba casi a cero antes de caer. Varias veces debimos caminar algunos centenares de metros, debido al mal estado del piso. Tanto las bicis, el equipaje y nosotros, teníamos el mismo color de arena. Nos reímos el uno del otro cuando alguno caía en medio de la polvareda. Al dejar de descender, el camino mejoró un poco y rodábamos felices, con plato mediano, a unos 12/15 km. por hora, pero algunos pequeños desniveles a esas alturas se hacían respetar y nos obligaban a recurrir al plato pequeño. 

Después de cruzar el salar de Aguas Calientes, continuamos hacia nuestra siguiente posta, en el salar de Quisquiro, a casi  70 km. del abra. Con mucho esfuerzo logramos llegar ya de tarde, y con mucho frío armamos nuestra carpa frente a la laguna,  preparamos algo caliente, y, no sin antes disfrutar de la puesta de sol más bella que recuerdo, nos dormimos profundamente. El tiempo para la etapa había sido de 7 hs. 29 min. a un promedio de 11.16 km./h para los 80.5 km. totales. Nuestro altímetro indicaba 4160 m..

 6ta. Etapa. 15/11/05

A la mañana la laguna del salar estaba congelada y una gran cantidad de flamencos tenían sus patas atrapadas por el hielo. Mientras preparábamos el desayuno nos preguntamos con Pablo si esto sería  normal en la vida de estas aves, pues no parecían inquietas. En cambio los patos, que también había en abundancia, al dormir flotando sobre el agua, habían quedado libres del hielo y caminaban sobre el mismo. Pero debíamos arrancar y además el frío no invitaba a quedarse quieto.

En esta etapa calculábamos cruzar la frontera, y alcanzar la siguiente posta, ya en el lado argentino. Estábamos a unos 30 km. del límite fronterizo y a menos de 10 km. más delante de éste se encontraba el puesto de gendarmería, donde podríamos reabastecernos de agua, de manera que abandonamos un poco de carga esa mañana, ya que cada kg. contaba en esos arenales. Cerca del mediodía, cruzamos el límite internacional a 4230 m. e hicimos un brindis con jugo de naranja y glucolín. Poco después  estábamos con los gendarmes que, muy interesados,  preguntaban detalles de nuestro viaje. Allí aprovechamos el radio teléfono de Telecom y hablamos con nuestras respectivas familias. Agradecimos el almuerzo con que nos invitaron  y después de llenar unas botellas de agua del pozo, otra vez a pedalear, ahora ya en nuestra provincia.

Recorrimos los 40 km. de camino en peor estado de todo el viaje, debiendo bajarnos muchas veces y empujar las bicis, debido a la arena suelta, antes de alcanzar nuestra siguiente posta. Armamos nuevamente nuestro campamento para pasar otra noche en Los Andes, en Archibarca a 4050 m.., cerca del cruce con la ruta provincial 70, empleando en la etapa 7 hs 51 ms a 9.68 km./h de promedio para los 76.74  km. de recorrido. 

7ma. Etapa. 16/11/05

Un nuevo día y una nueva etapa comenzaban otra vez. En esta debíamos llegar hasta Susques a poco mas de 80 km., lugar donde contábamos con albergue en el campamento de Vialidad Provincial. Si bien esta etapa era bastante llana con una altura casi constante de 3700 m. y piso en buen estado que nos permitió tramos de buena velocidad, otra vez encontramos una dificultad que no habíamos tenido en cuenta en nuestra hoja de ruta: la subida muy empinada, después de rodear el salar de Olaroz,  al  Cordón del Taire, a 3975 m..  Creímos que después de los 4750 m. de La Pacana, todo lo demás era poca cosa, pero fue realmente duro. Pese a todo, llegamos a Susques, donde pudimos tomar la primera ducha caliente después de varios días y hablar por teléfono a nuestras familias, confirmando nuestra llegada en dos días. El calor, el frío, el viento, los salares y el sol, habían dejado su huella. Después de bañarnos y cambiarnos con ropa limpia, se hicieron evidentes los días pasados en el desierto y en la cordillera. El color de la piel de nuestras caras se parecía mucho al de los pobladores de estos lugares. Las bicis no estaban mejor que nosotros: casi no teníamos patines de freno y los rayos parecían oxidados, al igual que las cadenas y otras partes metálicas. Pero nada podía quitarnos la enorme satisfacción que sentíamos. Habíamos cruzado el desierto de Atacama y Los Andes. Y sin ayuda de nadie. Todo lo que necesitábamos lo llevábamos a cuestas.

Todavía faltaba un largo trecho de casi 200 km. hasta San Salvador y sobre todo quedaba la última dificultad: el Abra de Potrerillos, que en dos oportunidades habíamos subido cuando entrenábamos, pero desde el lado de la Quebrada de Humahuaca. Ahora debíamos subirla desde el otro lado, desde las Salinas Grandes, donde sólo tendríamos 780 m. de desnivel aproximadamente, y desde allí sí, todo bajada hasta Jujuy. Habíamos completado la etapa de 86.3 km.  hasta Susques en 7 hs. 16 min. a un promedio de 11.87 km./h y el altímetro indicaba 3670 m.

 8va. Etapa. 17/11/05

Temprano salimos de Susques. El badén que cruza el arroyo a la salida del pueblo estaba congelado y rompimos el delgado hielo con las ruedas de nuestras bicis, señal de que éramos los primeros vehículos de esa fría mañana.

Atravesamos la quebrada del Mal Paso, donde unos obreros de vialidad nos saludaron alegres al vernos pasar y seguimos hacia las Salinas Grandes, atravesando una pequeña franja en territorio salteño, para volver luego a entrar a nuestra provincia.  El camino firme  con llano constante a  3.600 m. y con  viento a favor nos permitieron hacer varios sprints, en los cuales nos alternábamos para “tirar” un rato cada uno a más de 30 km./h, y muy rápido llegamos al salar, a 3400 m. Pasado el mediodía habíamos cruzado las Salinas Grandes deleitándonos con la vista de los nevados del Chañi y de Cachi, el volcán Socompa y otras bellas montañas y después de descansar un rato y comer algo nos aproximábamos a nuestro último puerto de altura. Habíamos estado observando unas nubes oscuras que se descolgaban del Cerro Chañi, al frente y a nuestra derecha. No les dimos mucha importancia, pero a eso de las 4 de la tarde  y ya cerca del pie de la cuesta cuando buscábamos un lugar para acampar comenzó a soplar un viento de frente tan fuerte que nos obligó a bajarnos de las bicis. Durante los días anteriores nunca habíamos tenido un viento semejante. Nos atrincheramos detrás de un médano a esperar a que pasara, pero cada vez soplaba más y ya era una verdadera tormenta de arena, con el agregado de ráfagas de llovizna y granizo. Pablo propuso volver hasta el cruce de la ruta 40 (aproximadamente 6 km. hacia atrás) y refugiarnos en un rancho que habíamos visto a un costado del camino, junto a unos corrales. Yo no quería retroceder, ya que ese tramo era en subida y bastante pesado, pero el viento no dejó otra alternativa, ya que ni la carpa podíamos armar en esas condiciones y la temperatura descendía rápidamente. En bajada y con el viento a favor en muy poco tiempo hicimos el trecho hasta el cruce de rutas y nos ubicamos en una construcción precaria, pero con paredes y techo. Metimos las bicis y ya faltaba poco para la noche. Para cuando oscureció el viento había calmado totalmente y solamente se mantenía una ligera llovizna.. Preparamos nuestra cena y... a pasar nuestra última noche de travesía a 3390 m., después de 90.7 km. en 6 hs. 27 min., a 14.6 km./h de promedio.

 9na. Etapa. 18/11/05

Comenzaba el décimo día del viaje. Alivianamos nuestra carga dejando allí todo lo que ya no necesitaríamos y volvimos a hacer lo desandado el día anterior. Eran los últimos 125 km. hasta San Salvador y tratamos de disfrutarlos plenamente. Lentamente y con el plato chico atacamos la última cuesta. A las 11 estábamos arriba, a 4170 m. después de tres horas de duro ascenso y ahora nos quedaba el largo y rápido descenso de casi 2000 m. hasta Purmamarca. En el pequeño llano que hay en el Abra de Potrerillos atravesamos unas nubes que nos mojaron un poco y la temperatura bajó sensiblemente. El agua que en ciertos lugares brota de la montaña estaba congelada,  pero ya éramos veteranos de Los Andes y unos pocos grados bajo cero no nos iban a quitar la sonrisa.

Poco después del mediodía estábamos en la plaza de Purmamarca, donde nuestras familias nos esperaban con el almuerzo. Fuimos puntuales con el horario previsto desde Susques, dos días antes.

Después de la comida y una larga sobremesa, emprendimos, ahora sí, el último tramo de 65 km. Nuestras esposas insistieron en que traspasáramos al auto nuestras alforjas y equipo, dado que ya no lo necesitábamos, pero lo sentimos como una trampa a nosotros mismos, ya que en nuestras camisetas se leía: “cruce de Los Andes / Antofagasta-Jujuy”, y todavía no estábamos en el último punto. Así que ellos se adelantaron a esperarnos en las respectivas casas, calculando tres horas para nuestra llegada, mientras nosotros subíamos al pavimento después de 450 km. de arena y ripio. Entre Tumbaya y Volcán, donde termina la quebrada de Humahuaca, una fría llovizna agregó la última dificultad del viaje.

En el puente del arroyo Cacalayo, a 25 km. de Jujuy, se nos unieron unos 5 o 6 ciclistas y con ese grupo hicimos varios “sprints” en la ruta, de los que no ganamos ninguno.

A las 6 de la tarde entrábamos en la ciudad después de 125.5 km. en 7 hs 57 min., a 15.8 km./h de promedio y la sensación de “tarea cumplida” me causó tanta satisfacción como nada antes ni después en mi vida.

 

 

 

En el Salar de Aguas Calientes

 

 

El límite internacional del Paso de Jama.

 

 

Julio en la subida al Cordón del Taire

 

 

La impresionante cuesta de Lipán