Aventuras en bicicleta

Viaje por el NOA (de Iruya a Cafayate)

Por Víctor Osvaldo Gomez (de Berazategui).

 

SÍNTESIS: Relato del viaje en bici por el Noroeste Argentino  entre fines de Abril y primeros días de mayo del 2005, realizado por los ciclistas bonaerenses Luis Vázquez (49) y Víctor Gomez (38).

 

Recorrido

De Iruya (provincia de Salta) a Cafayate (Salta)

 

Distancia

585  km.

 

Puntos sobresalientes

del trayecto

Abra del Condor (4000 m.s.n.m.), Quebrada de Humahuaca y Valles Calchaquíes

 

Fecha

 Mayo de 2005

 

Bicicleta

Zenith Andes (Víctor) y Zenith Cima (Luis)

  Participantes Víctor Gomez y Luis Vázquez

 

Pido disculpas por el estilo del relato. Se muy poco de ciclismo, lo mío es mas bien el amor al ciclismo, hacer la de uno y pasarla bien. Ahí va.

Soy Lic. en Enfermería. Me entrené para este viaje con casi tres meses de preparación (Spinning y Complementos), aunque desde hace un par de años que hago pesas.

Partimos en micro desde La Plata alrededor de las 9 AM, y llegamos a Humahuaca (Jujuy) al otro día tipo 11 y media. En la terminal de Buenos Aires no nos avisaron que el micro no entraba al pueblo... y nos dejó en la ruta, a varias cuadras de la terminal de ómnibus (o sea...)  En un taxi llevamos las alforjas y las cajas de las bicis (previamente embaladas), hasta la terminal norteña. Allí luego de par de hs. y de convenir precios, con un fletero llegamos hasta Iruya, (Salta).

A la media tarde llegamos al pueblo, ubicamos a la Sra. Mabel, Directora de la Escuela de Educación Media 5058, entregamos unas cajas con donaciones recolectadas aquí en Buenos Aires y luego si, a descansar, baño y mates.

Al día siguiente lo dedicamos por entero al relax, conocer a los alumnos en su escuela, a charlar con ellos, recorrimos el pueblo, su iglesia, un mirador muy bonito y todo muy tranqui. El tema era aclimatarnos a la altura. Y vino muy bien, pocas calles, pero empedradas, adoquines y muchas de ellas a 45 grados de inclinación.  Pero bueno, con mis 38 años, me di el gusto de correr unas picadas (a pie) con adolescentes de allí. Y gane. Ohoo! Pero lo bueno comenzó al otro día... 

1er día de pedaleo.

Luego de pasar por la escuela y saludar a docentes y alumnos, fotos y sin pensarlo, recibir un par de bufandas de regalo y una Carta de Agradecimiento hacia el Grupo La Loma y a nosotros dos, partimos hacia el Abra del Cóndor (4000 msnm).

De no creer. Casi cada 200 mts. nos deteníamos ya que la taquipnea y la taquicardia eran de terror. Recobrábamos el aliento y seguíamos. Obviamente que ya nos habíamos dispuesto a mascar hojas de coca (muy típico del norte) y eso alivió la cefalea y la taquipnea. Casi ocho, si ocho, eight hours, si ocho horas después, llegamos al Abra. Apenas habíamos recorrido 21 km . Los 4000 msnm se hacían realidad. Fotos, brindis, abrazos y otra foto. No por vanidosos, sino porque, sin ser un experto en la materia, pero con ganas, esfuerzo y preparación adecuada pudimos hacer lo que quisimos: PASARLA BIEN DONDE UNO QUIERE.  

Luis dio gracias a Dios, la Pacha Mama y a sus santos. Yo de mi parte con una oración agradecí de todo corazón a Dios por habernos dejado llegar hasta aquí.

El frío se empezó a hacer sentir (y solo nos habíamos detenido unos 10’), de modo que le dimos duro a la bajada, que, a pesar de estar llenas de grandes piedras en casi todo el camino, nos ayudo bastante para compensar el cansancio de la subida. Se me aflojaron los suplementos del portaequipaje en un par de ocasiones y eso nos freno un poco. Y el frío se hacia notar con mas intensidad. Terminamos parando en un pueblito llamado Chaupe Rodeo. Allí pedimos permiso en una escuela primaria para armar carpa en el patio. Pero el maestro Jose, nos brindo un aula y un par de colchones para pasar la noche allí.  Un verdadero “maestro”. Con picadillo, pan, gaseosa y té, terminamos el día. Al menos eso creímos, porque después de acostados, con el frío de terror, nos tentamos de abrir los regalos de la mañana. Así que con frío y todo, Luis se levanto y nos enteramos de las bufandas. Destacado del día: la actitud del maestro de escuela José, de Chaupe Rodeo.

2do día.

Partimos de Chaupe Rodeo tipo 9 y media (previo regalo de bolsa de chupetines a los chicos de esa escuela primaria). Pasamos por la estación Iturbe, Chorrillos y llegamos a Humahuaca. (Habíamos perdido un día según nuestros cálculos). Ese día nos quedamos allí. Fue muy duro el anterior. Recorrimos el lugar (a pie) y acondicionamos las bicis (portaequipajes y pinchaduras).

3er día.

Salimos de Humahuaca tipo 9 (previos mates) y pasamos por San Roque, Pinchayac, Uquía, Chucalesna, San José, Huacalera, El Perchel, Tilcara, el trópico de Capricornio, Maimará y quedamos en Posta de Hornillos, donde actualmente funciona un Museo Provincial. En Tilcara visitamos el Pucará. Es un lugar con Ruinas Arqueológicas, distante a 2 km del centro. Antes de llegar al Trópico... el portaequipaje de Luis se había terminado de romper. Con precintos y alambre lo sujetó de nuevo.

Destacado del día: El sembrador que al costado del camino le dio a Luis una tenaza y alambre para el arreglo.  Don Tomás, que en Tilcara soldó en un toque el suplemento del porta... de Luis.

4to día.

Nos despedíamos de Posta de Hornillos luego de visitar su museo. Escapadita a Purmamarca, visita al Cerro de los Siete Colores, Tumbayá y nos quedamos en Volcán. Preguntamos en varios lados y todos coincidían en que acampásemos en una plaza, que los chicos en reiteradas ocasiones nos corregían diciendo que en realidad era un “parque”, ya que “esto” tiene juegos y la plaza esta dos cuadras para “allá”.

A pesar de la casi docena de chicos que comenzaron a rodearnos, tomamos unos mate, y así merendamos. Ninguno de estos chicos y chicas (entre 4 y 9 años) quería irse de nuestro lado. ¿Acaso seria por las galletitas, el pan, o acaso...  por los caramelos que les regalamos? Vaya uno a saber! La cosa fue que después de un picadito (fútbol), al que Luis se sumo casi al final... terminamos empatando 3 a 3 y lo definimos por penales. Y... gano mi equipo.  Pero así y todo me decían  “dale Orteguita... sigamos jugando un poquito mas!” Pero bueno, queríamos darnos un duchazo en la estación de servicio de la zona (YPF), comer algo y descansar. Al final fui a cenar solo. Luis no tenía apetito. Llamados telefónicos a casa y luego sí. A dormir. 

5to día.         

A nuestras espaldas se fue apagando Volcán (¿les gustó la metáfora?) y nos dirigíamos a Jujuy. Paramos por León, Lozano y Yala. Entrando en S.S. Jujuy, nos cruzamos con ciclistas que, luego de los saludos de rigor, nos recomendaron la bicicletería de Tomasito (por el tema reparación del portaequipaje ). Y así fue. Luego de buscar en todos (TODOS EH!!) los frascos el repuesto, no lo encontró. Pero, con algunas piezas le ayudo a Luis a armarlo. ¡De no creer! Todo un capo.  A mi bici le calibró los frenos y el descarrilador. Después de todo este laburo nos quiso cobrar... $3. Le dejamos $10 y un llavero pescadito.  

6to día.

Jujuy se perdía atrás y nosotros pensábamos en llegar a Salta (capital). Pasamos por El Carmen y  La Caldera. En Salta visitamos el Cerro San Bernardo. Y a pesar del cag.....o de Luis, subimos en teleférico hasta la cima. (Manos sudorosas, negación de mirar hacia atrás o hacia abajo. Ya saben de quien estoy hablando...)  Buena vista panorámica del lugar. En ese lugar se puede tomar mate, pasear, relajarse, observar la ciudad.  Como Luis no quería volver a subir al tele... y para no dejarlo cortado, baje con él por las escaleras. Que final del recorrido, me di cuenta que eran 1.070 escalones. Sí, de no creer. En verdad no era mi ideal de bajada, luego de 90 km de pedaleo a mas de 2000 msnm, con un trayecto a nivel frontera de 20 o 25 km de interminable, no mucha, pero interminable y constante subida.  Pero.......

Lo compensamos con un paseo por el centro, viendo La Catedral, peatonal, mas fotos y.... helado. Ejem...  Sigamos. 

7mo día.

Temprano salimos de Salta, pasando por Cerrillos y La Merced, llegamos a El Carril. Ahí nos detuvimos. Nos habían dicho que tipo 1 o dos de la tarde, pasaba un micro por allí, que iba hasta Cachi. Teníamos pensado hacer la Cuesta del Obispo (3200 msnm), pero, teniendo en cuenta que habíamos perdido un día en la subida de Iruya, queríamos recuperarlo en el viaje.

Hicimos dedo y un camión nos alcanzo hasta un desvío antes de la cuesta, La Zanja. De allí caminamos y pedaleamos durante una hora mas hasta que encontramos otro camión al que también hicimos dedo, y nos llevo. Cargamos las bicis y llegamos hasta Cachi, transitando por la recta de Tin Tín. Y darse cuenta de la perfección con la que fue proyectada por gente de mucho, mucho tiempo atrás... le quita al hombre moderno esa soberbia de creer que hoy somos mejores que en otros tiempos o que otras culturas.

Vi mucha gente en bici en el camino, trayendo a sus chicos de la escuela, tal vez otros venían de trabajar, otros llevaban sus bolsas cargadas con verduras. Ni el frío, ni el sol, ni el viento hacían mella en ellos. Con una de nuestras bicis se podrían comprar 5 o 6 bicis de esas que usan ellos. Y pensar que nosotros siempre andamos pensando querer algo mejor o de última generación.

Hubo muchas lágrimas en este viaje en camión. Me di cuenta que, como persona, tengo todavía muchas cosas por cambiar. Y aunque sé que todos los hombres y mujeres de este país tenemos que cambiar, hoy me hago cargo de lo mío. Amo mi tierra. Mi país.  Gracias NOA!!

En camión pasamos por Chicoana, Pulares, El Nogalar, Agua Negra, S. Fdo. De Escoipe, El Maray, San Martín, Piedra del Molino, Payogasta y Cachi.

Destacado Divertido: Cuando el segundo camión paró para llevarnos, el chofer se bajó para ayudarnos, ya que la compuerta de atrás del volcador estaba bloqueada. Nos miro con cara de “estos ciclistas no pueden ni cargar sus bicis....” Luis estaba abajo y yo desde dentro del camión. No se imaginan la cara de sorpresa y de esfuerzo del camionero!!! Subimos mi bici y, al darme cuenta del inesperado esfuerzo, le dije: “La bici de mi compañero es un poquito más pesada...” Creo que pensó: “Cachi, we have a problem...” 

8vo día.

La noche anterior nos encontramos con un par de bikers de Santa Fe, médicos los dos. Salimos de Cachi y pasando por Escalchi, La Paya, San Jose y el Monte llegamos a Molinos. Desde aquí el camino era otra vez de ripio, tierra, conchilla y por sobre todo pesado. Vino bien entrenar duro. Al llegar preguntamos por hospedaje y una señora de por ahí, nos dijo: “Yo alquilo habitaciones” Ah! Bien, dijimos. ¿Y cuanto cuestan?, preguntamos... “tienen lugar para las bicis, ducha, etc, etc y etc... son $20... cada uno”  Ahá!!, dijimos. Y... seguimos de largo. (NI AHÍ... Ya habíamos pagado $10 c/u en un hotel en Salta capital. Te imaginas que no daba.). Hicimos carpa en el camping del lugar, que nos cobro $3, por los dos. O sea. Recorrimos un poquito el lugar (no había mucho por recorrer a simple vista). Ya era tarde noche y salíamos temprano al otro día. 

9no día.

Mateada, previa escucha del motor de una topadora. Que desde las 7 de la mañana estaba “regulando” su motor para empezar sus labores... a menos de 20 metros de nuestra carpa. De terror!!!, y bueno, después de los mates, seguimos hasta Angastaco. Antes de iniciar el recorrido del día, pase por un restaurante donde habíamos cenado y dejé saludos a una Tía de un cumpa de trabajo. Al principio tenia cara de desconfianza, pero aclarando los datos, pinto la sonrisa. Domingo Yapura: misión cumplida.

Pasando por La Angostura, La Arcadia y El Carmen, llegamos al destino propuesto para ese día. Teníamos planeado hacer por lo menos ese trayecto de unos 40 km. ¿Parece poco, verdad? Y si en verdad eran pocos km, pero duro el camino. Por eso la distancia. Sobre todo los últimos 19. No me quiero imaginar estos caminos a mediados de enero o febrero!!  Arena, piedras y más piedras (todo mezclado, eh!!??).

Llegamos al pueblo, compramos unas galletitas, gaseosas y, luego-de-una-larga-espera-del-cuidador-del-lugar-que-por-fin-pudo-conseguir-las-llaves-del-lugar, nos tiramos piernas para arriba a disfrutar del merecido relax. Parecía que no, pero sí. En un toke nos tomamos el litro medio de gaseosa cada uno, como si nada. El camino fue demoledor. Otra vez, ¡Gracias Facundito por entrenarme tan duro!

Luego del alivio si, un duchazo y a pasear. Fuimos por los lugares casi abandonados del pueblo, donde se pueden apreciar antiguas iglesias, bodegas y hasta un cementerio perdido en las montañas.  Durante ese paseo nos cruzamos con gente de la zona que nos convido con un par de vinos pateros de la zona. No se nada de vinos, pero “Bodegas del Río”, de veraz que tiene buenos blancos y misteles. Damos fe. O sea.  

10mo día.

Habíamos dejado las bicis armadas casi por completo la noche anterior. Mates y salimos tipo 8 am. 8:30 am. ya estaba cambiando la cámara delantera. De terror. Cosas del camino. ¿El camino? Igual que antes. Piedras, conchilla, mas arena, mas conchilla y más piedras y arena. Ah! Y más piedras.  Con interminables subidas de hasta 45º, que se compensaban con el variado paisaje de colores y bajadas nunca desechadas.

Al llegar a la entrada de San Carlos, encontramos al nunca despreciado asfalto. Hasta fotos y bezos le dimos! ¡Amigo querido! En la ciudad paramos un toke. Plaza, relax, fotos, refresco bebible y un par de galletitas. Al toque estaríamos en Cafayate. Era temprano. Decidimos seguir.

Luego de interminables viñedos, llegamos a Cafayate. En una plaza de esta ciudad nos cruzamos con unos chicos de Buenos Aires que habíamos visto en Humahuaca y también a los médicos de Santa Fe, que habíamos cruzado en Cachi. Nuestros horarios de Bs. As. No eran iguales a los del NOA, por eso aprovechamos este tiempo para, nuevamente, parchar las bicis y los repuestos. Luego buscamos hospedaje, compre los pasajes de vuelta para casa y recorrimos el lugar.

Me sentir algo triste porque quería seguir viajando. Pero extrañaba mi familia, mi hogar. Era momento de pasar, al menos, un fin de semana en casa antes de volver a trabajar. Después de un buen baño en la pensión, dimos vueltas por la ciudad. Realmente espléndida. No solamente su gente, también los lugares recreativos, el ambiente.

Elegimos algunos recuerdos para traernos. Ya había sacado mi pasaje para volver, y, mientras recorríamos vidrieras, Luis me dice que en vez de seguir hacia Tucumán, se venia conmigo hacia Salta. Yo había entendido mal. No era que iba a realizar otro recorrido, se volvía a Buenos Aires.

Al principio creí que me bromeaba, pero no. Y en realidad me gusto, porque comenzar y terminar el viaje juntos, por segunda vez, estuvo muy bueno.

Salimos el 6 de mayo y llegamos a Buenos Aires (Retiro) al otro día tipo 14 hs. Y ante la mirada desconcertante de la gente en la terminal de micros, armamos las bicis, casco y salimos pedaleando hacia Plaza Constitución  (terminal de trenes hacia La Plata).

Yo me bajé del tren en Berazategui, Luis seguía hasta La Plata. Estaba fresco por aquí, algo nubladito. Mucho fuego en el corazón y con cara de haber tomado sol en el Caribe. Llegue muy contento y el reencontrarme con la familia solo fueron momentos de abrazos, besos y más abrazos y más besos. Y mates. Y más abrazos y más besos.

Por momentos este viaje era tan lindo que se tornaba inenarrable recordar todos los momentos vividos. Señores Bikers, amigos, vecinos, chicos, ancianos, hermanos en la fe, católicos, etc,: CAMBIEMOS DE ACTITUD. (En todo sentido).

 

Agradecimientos: Aquí en la tierra como en el cielo a Dios que desde el inicio del viaje estuvo a nuestro lado dándonos fuerzas, tiempo y cuidados. Dios anda sobre ruedas... Aquí en la tierra a toda, toda mi familia. A Luis Vazquez por invitarme. A Andres Ruggeri por los consejos. Ya Beto Tassara, el Pastor de mi iglesia.

Destacable: Toda la gente del NOA.

Sugerencias (si me lo permiten): Entrená bien y vas a disfrutar del viaje. Como ya lo dije antes, ni un solo día me sentí cansado o dolorido. Siempre me levante con las mismas e intensas fuerzas.

¿Qué comimos? Durante el pedaleo le dimos mucho a las frutas, turrones, agua, a veces gaseosas o galletitas ya que no había otra opción. Y generalmente la comida que compensaba todo se daba en el almuerzo tardío (tipo 4 o 5 de la tarde) o en la cena, que generalmente era comida típica de la zona, acompañada de una buena cerveza norteña y a veces un postre.

¿De terror... pero divertido? En casi todos los lugares que nos deteníamos, generalmente en las iglesias, Luis se olvidaba el casco.

En verdad estoy contento con el viaje. Creo que pudimos cumplir con nuestros objetivos, que eran entregar las donaciones, pasear en bici por lugares no convencionales y hacer la de uno. Y mas allá de alguna que otra diferencia de opiniones con Luis V., vino muy bien todo esto para templar el carácter, afianzar conceptos y reencontrar otros. Me animaría a decir que pedaleando por el país, en bicicleta y algo alejado de la civilización se crece como persona.

 

 

 

Luis y Víctor entregan sus donaciones solidarias a la escuela de Iruya

 

 

En el Abra del Cóndor, a 4000 metros de altitud sobre el nivel del mar.

 

 

Víctor y su bicicleta en las cumbres jujeñas