Aventuras en bicicleta

De Purmamarca a Cafayate (2)

Por Juan Jorge Gioannini

 

SÍNTESIS: Recorrido desde la quebrada de Humahuaca, pasando por la Puna en la RN40 hasta los valles Calchaquíes en la provincia de Salta, en un total de 470 Km.

 

Recorrido

De Purmamarca (Jujuy) hasta Cafayate (Salta).

 

Distancia

470 km.

 

Puntos sobresalientes

del trayecto

Cuesta de Lipán, Abra del  Acay, Puna, Valles Calchaquíes, La Poma, Cachi, Quebrada de las Flechas.

 

Fecha

 6 al 21 de marzo de 2005

 

Bicicleta

Zenith Andes

  Participantes Juan Jorge Gioannini, 60 años

 

SEGUNDA ETAPA: LOS VALLES CALCHAQUÍES

SAN ANTONIO DE LOS COBRES A LA POMA

Después de casi tres días sin bañarme y casi sin comer llegue a San A. de los Cobres ( 3774 msm. y 12000 h.), lugar donde pasa el famoso tren de las nubes. Me alojé y me alimenté bien, y a  pesar del descanso todavía tenía algunos síntomas de la altura que me vienen acompañando desde Jujuy, como taquicardia leve y respiración agitada.

Ya instalado en el pueblo me enteré que la ruta 40 estaba clausurada, por sus pésimas condiciones, y debía yo resolver un problema práctico en relación,  y es que desde el pueblo hasta el pie del Abra del Acay debía hacer 43 Km. en subida, acampar y luego subir,llegando casi al anochecer a la cumbre, lo que seria bajar y acampar, tal vez en el paraje Negra Muerta. Por todos estos detalles relacionados con una época del año mal elegida para esta travesía, contraté una camioneta, para que me subiese a la cumbre del Acay, y desde allí bajaría  hasta La Poma.

El domingo 13 por la mañana, el dueño de la F 100, pasó a buscarme acompañado de su señora y un hijo al volante, en lo que fue un ascenso lleno de adrenalina, con muchísimos obstáculos, piedras, bloques de hielo y riachos de deshielo se interponían haciendo patinar las ruedas, o teniendo que bajarnos a limpiar el camino de piedras, trabando las ruedas traseras para que la camioneta no saliera disparada marcha atrás. Pasamos por algunos momentos peligrosos, pero nadie se amilanó por esto en especial la señora que dirigía con entusiasmo la subida.

Llegamos a la cumbre de 5000 msm. Luego de despedirnos, le rendí mi homenaje a los antiguos pobladores y a la Pachamama (Madre tierra), enterrando algunas hojas de coca, caramelos chocolate y  miel.

La bajada fue muy difícil, el camino al sur estaba peor que el de subida: mchos derrumbes que dejaban poco espacio para la bicicleta, bloques de hielo donde las cubiertas resbalaban, y numerosos cursos de agua de deshielo. A medida que bajaba comenzaban a aparecer algunos arbustos y al este del camino el nacimiento del Río Calchaquí, que en su recorrido al sur me acompañó en el resto del trayecto. Varios tramos regados de aguas de deshielo tuve que pasar, por el camino carente de puentes, luego la 40 se achica hasta donde en los mapas figura como un sendero, transformándose en un pintoresco camino bordeado de flores de vistosos colores como si a propósito se hubiesen plantado para adornarlo. Súbitamente el camino se termina en un torrentoso brazo del  río Calchaquí.  Elegí un lugar para cruzar y elegí mal porque a poco de andar el agua me arrastro a mí y la bicicleta se sumergió con toda su carga, que por suerte no se desprendió del portaequipaje. Al intentar enderezar la bici, me golpee la rodilla con una piedra.

Arrastrando con fuerza la bicicleta llegue maltrecho y mojado a una orilla inhóspita y pedregosa sin rastros del camino, pero con mucha suerte para esas soledades veo un cuatriciclo avanzar detrás de unos arbustos (donde seguía la ruta) y pasar el río cómodamente por el lugar menos profundo.

Continuando el camino con las alforjas empapadas y siempre en bajada y con muchos ríos a cruzar empecé a encontrar los primeros caseríos de pastores, y algunas plantas más grandes como los sauces y cardones. Otro río me cortó la ruta desorientándome nuevamente, por lo difícil de pasar con la bicicleta, porque el mismo circulaba dentro de una zanja de piedras muy profunda y en la otra orilla el camino no existía. Me bajé y crucé sin la bicicleta buscando el camino hasta que lo encontré mucho más arriba y cruzando nuevamente un arroyo, por lo que deduje que algún modo sencillo de llegar tiene que existir. Pregunté en el poblado que parecía abandonado, y que para llegar al mismo tuve que cruzar el Calchaquí por un precario puente de un movedizo tronco. Una chica no me supo explicar bien como llegar, agotado pensé en acampar y continuar camino al día siguiente, pero milagrosamente apareció un muchacho con una MTB, quien amablemente me acompañó hasta la ruta, y luego de unos 20 minutos me alcanzó viajando conmigo hasta La Poma, con todo el camino en bajada en su MTB ¡Sin frenos!.

LA HOSPITALIDAD DE LA POMA

Después de un día vivido muy intensamente, agotado y con los pies mojados llegue a La Poma  (3118 msm) donde me alojé en una escuela, cuyo director me brindó su hospitalidad que nunca olvidaré. Cuando llegué ya tiritando de frío le manifesté que lo que más deseaba en ese momento era un buen baño de agua caliente, por lo que él mismo juntó leña y calentó el agua de una caldera de la escuela mientras yo tendía la ropa mojada para que se secara, durante la noche.

Al siguiente día Edgar (que así se llama el director) me mostró las instalaciones de la escuela con su huerta y panadería. Me dediqué a secar el resto de las cosas mojadas, y por la tarde visité el pueblo viejo (pegado al pueblo nuevo) que en 1930 sufrió un terremoto, con lo llamativo de un enorme campanario de la iglesia hundido casi a la altura del piso.

Al día siguiente después de despedirme de Edgar y  otros solidarios habitantes de La Poma emprendí mi camino rumbo a Cachi.

DESDE LA POMA A CACHI

Los 57 km que me separaban de La Poma fueron fáciles de transitar y en bajadas. Luego me encontré con un tramo de asfalto llegando a Payogasta, los que después de tantos días transitando por ripio sentí la sensación de casi no pedalear. Sobre la margen derecha del Río Calchaquí como la mayoría de los pueblos de los Calchaquíes cruzando un puente, me encontré en Cachi (2297 msnm., 1434 hab.).

Gestioné mi alojamiento en la casa de turismo, en el albergue de un camping excelente con toda clase de comodidades. Aquí conocí a una pareja de jóvenes rosarinos cicloturistas, con quienes enseguida trabamos amistad. Junto con Cesar y Paola, que así se llaman, sintonizamos juntos tanto las experiencias vividas como una visión muy semejante de la realidad social del lugar transitado. Al igual que las otras despedidas para mi fue muy emotivo despedirme de estos chicos que a pesar de la diferencia de edad yo tenia tantas o más cosas en común con ellos, que muchas personas de mi edad. Más tarde y ya en mi casa supe por Internet que en su regreso a Salta a Paola le dio mal la altura en la cuesta del Obispo, pero fueron ayudados por un grupo de atletas que en ese lugar entrenaban, demostrando una gran solidaridad.

Cachi es un enclave en los valles digno de conocerse, bellísimo como casi todos, destacándose un museo arqueológico muy completo, y bien distribuido donde podremos tener una idea bastante acabada de las culturas que habitaban los valles antes de la llegada de los españoles. Al igual que en los pueblos de la quebrada, en los valles los cementerios se instalan en el lugar mas alto, en el caso de Cachi su cementerio que por su altura custodia el pueblo, tiene características muy  particulares como la única orientación de las cruces. (Como casi todos estos cementerios antes de la llegada de los españoles era cementerio indígena).     

El día  miércoles 16 con un leve estado gripal, me dediqué a  limpiar y lubricar a fondo la cadena de la bicicleta y visitar el pueblo,charlando con los lugareños, aprendiendo mucho del lugar y de su gente. 

CACHI A MOLINOS 

A  las 7 del jueves 17 salí de Cachi, rumbo al sur, y tras algunas horas de pedaleo me encuentro con numerosos poblados, todos muy pintorescos, en especial Seclantás el único pueblo ubicado en la orilla este del río Calchaquí. En uno de estos lugares me detuve a desayunar gaseosa y pan con mortadela. Antes de continuar la marcha me recomendaron que llegase a Molinos por  el camino a Colomé. En efecto a poco de andar la 40 se bifurca y aparece un cartel indicando Colomé, junto a esto al costado del camino hay  numerosos artesanos vendiendo sus  productos. Al seguir esta ruta se sube por una enorme cuesta que llega casi a 3000 msm y que a su bajada se encuentra Molinos (2020msm., 500hab.). Lugar ya con otras características en la producción, puesto que aquí  además del pastoreo y las hortalizas comienzan las primeras viñas (Colomé cercano es una finca con muchos viñedos).

Me dirigí al camping que contaba con un albergue, me instale almorcé y recorrí el pueblo, visitando el criadero de vicuñas “Coquena”, y los telares nativos donde vi la fabricación de diversas prendas. La iglesia de dos campanas y techo de cardón construida en 1630 se encuentra justo frente a una antigua construcción (hoy museo) que perteneció a uno de los primitivos gobernantes de la época hispana. 

MOLINOS A ANGASTACO

Esta etapa de apenas 44 Km  me fue bastante accidentada. La 40 en esta parte bordea el Calchaquí  del lado derecho (oeste) casi en una recta, luego la ruta se divide (sin ningún cartel indicador) para llegar una parte al pueblo El Carmen. Yo tomé por el tramo incorrecto terminando mi recorrido con el camino cortado por un río imposible de cruzar. Me señalaron un campo privado que dentro de un monte contaba con un “puente” para transponer el arroyo. El puente era un tronco por el que tuve que pasar una a una mis cosas y por último la bicicleta, luego lo mismo para pasar el alambrado de púa del campo. Retome la ruta 40 atravesando un pedregal y luego la escuela. Anduve unos kilómetros y tuve que cambiar la cámara por pinchadura, pero a poco de andar la trasera también acuso pinchadura por lo que también cambie la cámara (más tarde comprobé que cada cámara tenia como ocho pinchaduras probablemente debido a los espinillos).

Mucho costó llegar a Angastaco por el manto de arena que cubre varios kilómetros de un camino bien trazado y con muy buena iluminación nocturna.

Como siempre me alojé en un camping, comí y al otro día todavía de noche regrese a la R 40 que  me esperaba para llevarme hasta ese lugar extraordinario como fue la Quebrada de las Flechas.  

ANGASTACO A CAFAYATE 

Luego de transitar algunos kilómetros de camino sinuoso y arenoso comienza nuevamente el ripio, y deja lugar a un paisaje sin vegetación llamado “El Cañón” y luego la ruta transita en medio de paredes de rocas puntiagudas e inclinadas con más de 20 mts de altura, con un paisaje bellísimo, pero a la vez fantasmagórico llamado la “Quebrada de las Flechas”, retrocediendo con él a la juventud de nuestra tierra.

Llegando a Santa Rosa, transponiendo el río varias veces en una parte sinuosa de la ruta me encuentro nuevamente luego de algunos kilómetros con la ruta pavimentada (una gloria.). Desde aquí hasta San Carlos y luego Cafayate fue una etapa fácil.

Las características de Cafayate como valle son diferentes a los otros lugares por su significativa producción de vino Torrontés, además de la gran afluencia en el turismo de este lugar. Acampé en el camping “Loro Huasi” (Casa de los loros),verdadero paraíso del lugar.

Por razones prácticas el domingo 20 me mudé a un albergue frente a la terminal de ómnibus “Aconquija” desde donde pude desarmar la bicicleta para tomar el micro que me trasladó a S.M.de Tucumán, dando por terminado el viaje.

ENSEÑANZAS DEL VIAJE Y BALANCE 

El recorrido comprendió tres regiones geográficas definidas como la Quebrada de Humahuaca, la Puna y los Valles Calchaquíes. Transpuesto el Lipán y en plena Puna jujeña y luego salteña me encuentro con una población bastante dispersada en esa suerte de estepa, con condiciones muy humildes, dedicados al pastoreo y en estos últimos años (con la desaparición de la mayoría de las minas y el cierre de ingenios) la desaparición de asalariados (siempre súper explotados). Yo pude observar tanto en los valles como en la Puna, hombres y mujeres con tres o cuatro burros atados unos a continuación de otros en una suerte de trencito, cargados con sal transportados desde las salinas hasta los valles donde se cambian por frutas que se llevan de nuevo a la Puna por caminos de herradura, como una suerte de regreso a la primitiva economía de trueque.

En los valles con el clima más benévolo, al pastoreo se le agregan los cultivos de habas y otras hortalizas, pero con el problema de la tierra, es decir, enormes extensiones de suelo productivo en manos de unos pocos propietarios. De aquí yo deduzco que muchos pobladores de regiones inhóspitas como la Puna podrían ser campesinos desplazados de los valles más fértiles fusionándose con los que por sus antepasados incaicos ya viven o vivían aquí. De la segregación de los nativos por parte de los terratenientes quedan muchos saldos y rastros, por ejemplo en La Poma existe una enorme extensión de tierra delimitada por paredes de pirca (paredes de piedra que suplantan el alambre de púa sureño). Sus propietarios, una familia de abolengo beneficiaria de la ley de Enfiteusis de Rivadavia en 1826, en esa suerte de regalo de tierras a oligarcas españoles y criollos.

Para terminar, mi apreciación es que si bien existe una situación de pobreza extrema en especial en la Puna, esta pobreza no lleva a la marginalidad como en los grandes centros de consumo. A pesar de la pobreza y si bien existen muchas madres solteras la familia (también la escuela y la iglesia), sigue cumpliendo un rol aglutinante en especial con los niños, que probablemente más tarde emigrarán a centros más poblados. 

BALANCE 

En general la planificación fue buena salvo un detalle para no pasar nunca por alto: la elección de la correcta época  del año para hacer el viaje, que en este caso fue incorrecto.

Entrenamiento: Por el escaso tiempo que cuento en la semana hice tres veces en la misma de 1 hora de spinning y salidas de 4 hs de domingos, y 1 salida rápida de Carmelo a Colonia. Pero afirmo que para este tipo de viaje esta preparación deberá ser más exigente con caminos de tierra y subidas, y la bicicleta cargada con 40 kg de peso en el porta equipaje (pueden ser adoquines), y mucha natación (para reforzar los pulmones para afrontar la altura.).

El chequeo del clima fue perfecto, las lluvias de la tarde no me sorprendieron nunca (www.metofa.mil.ar).

Bicicleta: En general la provisión de herramientas fue la correcta pero faltó W40 o  similar y liquido antipinchadura en las cámaras.

Supervivencia: Carpa, bolsa de dormir, manta de supervivencia correcta. Calentador con garrafita muy útil así como tremendamente transgresor y peligroso para su transporte en micro (prohibido su transporte). Me faltaron comidas preparadas y empaquetadas en bolsas Ziploc.

Recursos: Tener en cuenta las mojaduras por lluvias y ríos en las alforjas.Yo debí proteger y guardar la ropa comida, etc. en bolsas de consorcio, también la máquina fotográfica, el grabador, etc.

Mal de montaña: Es importante la aclimatación al lugar descansando el primer día que podría ser Purmamarca o Jujuy. Alimentación con líquidos y exagerar con la ingesta de glucidos: miel, mate dulce, caramelos chocolate, mantecol, etc. pues este tipo de alimentos tienen un efecto biológico de oxigenación de los tejidos. Beber té de Pupusa (en Jujuy se consigue en las ferias bolivianas) y masticar  hojas de coca. Yo tuve síntomas leves del mal de altura como falta de apetito, taquicardia y frecuencia respiratoria acelerada. Un buen descanso mejoraba mucho los síntomas, por la noche ingerí 2 mg de Lorazepan (consultar con un médico) y podía descansar muy bien. Recomiendo llevar cafiaspirina, paracetamol y iboprufeno para eventuales síntomas adversos como dolores de cabeza, etc.

Se recomienda Acetazolamida, muy eficaz que yo no llevé por su costo elevado.(250 mg cada 6 hs.) y por último existe un producto fabricado en Bolivia usado por muchos montañistas llamado Soroschi Pill (yo no lo usé).

Hidratación: Importante para este clima y altura. Yo preparé 4 lts de agua más un sobre de Sales de Rehidratación Oral  (Roux Ocefa) más 1 sobre de jugo de naranja deshidratado, lo que suplanta perfectamente al caro Gatorade