Aventuras en bicicleta

De El Soberbio hasta Moconá (por Colonia Pepirí)

Por Juan Jorge Gioannini

 

SÍNTESIS: Recorrido por ruta 2,  entre la selva misionera bordeando en tramos el Río Uruguay  en unos difíciles 71 Km.

 

Recorrido

De El Soberbio (Misiones) hasta Parque Nacional Moconá

Distancia

71 km.

 

Puntos sobresalientes

del trayecto

El Soberbio-Miradores de Río Uruguay-Selva Misionera-Colonia Pepirí-Reserva Biosfera Yaboti- Parque Provincial Moconá – Saltos de Moconá.

Fecha

 11  al 13 de septiembre

Bicicleta

Zenith Andes de 21 cambios y suspensión delantera  y Orbea de 24 cambios.

Participantes Néstor Regin y Juan Jorge Gioannini

 

El 9 de septiembre con las bicis bien embaladas el deseo de un buen viaje  y la infaltable mala onda del chofer de Crucero del Norte que nos cobró  $ 25 por bicicleta.  partimos de Morón rumbo a San Vicente en el nordeste misionero. Llegados allí el día 10 de setiembre, transbordamos a un colectivo que nos llevó hasta El Soberbio, una localidad fronteriza con Brasil.  Al mediodía nos instalamos y preparamos las bicicletas para salir a primera hora de la mañana.

A la 6 de la mañana partimos por la ruta 2, y  luego de cruzar el Arroyo El Soberbio y andar unos 3 Km. empiezan las primeras bajadas y subidas, y ya amaneciendo vimos el primer mirador del Río Uruguay, un espectáculo que muestra el río Uruguay desde las alturas serpenteando entre verdes follajes más adelante un segundo mirador con otra vista igualmente bella.

El camino se presenta bueno y poco transitado con grandes subidas y bajadas pero de ángulos suaves que no causan mayores dificultades. A las 10 de la mañana terminamos la etapa más fácil llegando a los 26 km. y el fin del asfalto y aquí comienza la etapa más difícil.

Transpuesto el arroyo Paraíso se puede observar la construcción de un puente y los trabajos de la continuación del camino. En esta parte nos aprovisionamos de agua de una vivienda a la vera del camino, y a poco de andar principian lo que será una constante en el resto del trayecto, un angosto camino selvático y los primeros charcos de agua de una tormenta de días anteriores.  Dejando atrás la Despensa Adams, el último lugar de abastecimiento aproximadamente a las 13 hs. llegamos a la instalación que tiene la empresa Moconá, en la explotación de la madera: Una casa de madera con el piso levantado medio metro y con paneles solares que le proveen energía eléctrica. Aquí paramos para comer y descansar, con la visión de la selva, el enorme camión con los troncos de los árboles derrumbados y en compañía de unas doce personas que trabajaban en el obraje y que entre ellos hablaban en guaraní hasta por el  radio transmisor y decían ser del Dorado en el otro extremo sobre el río Paraná. Comimos maníes, bananas y pasas de uvas  descansamos, y fuimos visitados por toda la fauna de insectos de la selva, desde hormigas hasta los mosquitos mbariguí. Nos aprovisionamos de agua de un manantial en medio de la selva.

Partimos a lo que seria el tramo mucho más difícil que el anterior, puesto que el camino transita por cerros que si bien no son de gran altura (los más altos tendrán unos 600 msnm), esa misma altura debe sortearse en pocos kilómetros, lo que le confiere ángulos muy abiertos algunos de 45 y 50 º (sin exagerar, tal vez me quedo corto). Si las subidas son durísimas, las bajadas también, puesto que debemos sortear piedras, pozos, o terminar la bajada en algún charco. En este tramo con frecuencia nos bajamos de las bicicletas para subir las cuestas e inclusive a veces también para bajarlas. Cuando las fuerzas empezaron a disminuir casi a las 17 hs encontramos el camino que desvía a la Colonia Pepirí. Un tramo más angosto de los que se llama una picada abierta en el monte, pero casi todo en bajada nos llevo primero a la Colonia  de unas 30 familias, casi todas de origen brasilero una escuela satélite y dos iglesias, una metodista y otra católica. El idioma cotidiano de estos habitantes es el portugués mezclado con español, y los maestros tienen grandes dificultades en la enseñanza. Es tanta la influencia brasilera, que en el frente de la escuela hay un dibujo para niños donde se ve una hormiga que le dice a un yacaré –“Y Agora”-.  Los habitantes de la colonia se dedican a la agricultura para sus provisiones diarias (mandioca, porotos tomates verduras) pero sus ingresos los obtienen de la destilación de la Citronella, una planta de muy buen aroma, que crece sin muchos cuidados y de las que se obtienen diversos productos como desodorantes. En la colonia no hay médico ni luz eléctrica, ni teléfono, con provisión de agua en vertientes y arroyos. En gendarmería hay un enfermero por turno que brinda primeros auxilios como aplicación de suero antiofídico. Los medios de transporte son las carretas tiradas por bueyes y en el río unas canoas que les colocan motor y que se llaman “tuque”y que por lo general los transportan hasta Colonia Paraíso y de allí en colectivo hasta el Soberbio.

Continuamos pedaleando y tuvimos que cruzar un arroyo, cuya profundidad nos obligo a desarmar las alforjas y trasladar la bicicleta. En este arroyo varias mujeres lavaban la ropa. Descansamos unos minutos y continuamos pedaleando hasta que nos encontramos nuevamente con  difíciles subidas que tuvimos que encarar a pie. En una de ellas sentí que no tenía fuerzas para empujar la bicicleta, aunque al otro día descubrí que el freno trasero comenzaba a bloquear la rueda. Mi compañero se adelantó mucho y pronto lo perdí de vista. Luego de andar un trecho encontré un camino que supuestamente conducía a gendarmería donde llegada la noche se decía que podríamos acampar.  Tome el camino con muchas dudas y encontré en un charco huellas de bicicleta que me hicieron presumir que circulaba correctamente. La vista del pasto bien cortado una bandera y luego en las instalaciones sobre un peñón estaba el Grupo de Gendarmería, junto con mi compañero que llegó anticipadamente. Nos trataron bien, nos dieron agua pero no nos permitieron acampar, y como se estaba haciendo de noche  nos trasladaron en camión hasta un albergue llamado Refugio Moconá, donde comimos y pasamos la noche.

Al día siguiente  salimos a pedalear, y luego de algunos kilómetros nos encontramos con una gran bajada hasta el Arroyo Yaboty el cual en su casi desembocadura al río Uruguay, tiene casi 150 m. de ancho y una gran correntada. Luego del puente una subida muy importante nos trasladó hasta el puesto de guardaparque.  Ali dejamos las bicicletas y bajamos caminando hasta la orilla del Río Uruguay  donde en ese tramo forma como un lecho de piedras por donde el agua fluye estruendosamente en dirección al Brasil, desde donde cae desde una altura de 25 m. formando una serie de saltos de unos tres km. de extensión y de forma caprichosa, porque los mismos se presentan transversales al río, tanto que desde la costa brasilera se ven de frente. Para poder ver los saltos hay que caminar por el lecho pedregoso y resbaladizo del río  unos 400 m., siendo numerosas las caídas y chapuzones siguiendo la guía de unas estacas blancas. Aquí debemos proveernos de un bastón de alguna rama de árbol.

Regresamos a guardaparques y luego al refugio desde donde gestionamos una camioneta que nos traslade  al siguiente día a la localidad de San Pedro.

 

BALANCE DEL VIAJE

Este viaje tiene la característica de tener unos engañosos 71 Km. de recorrido en el que un ciclista entrenado puede completar en unas pocas horas en un terreno llano. Pero la realidad nos muestra un terreno tan accidentado, con las dificultades ya citas en el relato con lo cual cualquier plan de entrenamiento parecería insuficiente. Ni hablar de quien escribe estas líneas que solo se entreno unas pocas horas en los fines de semana.

Otro de los inconvenientes es la inexistencia de lugar cercano donde aprovisionarse  por lo que nosotros llevamos frutas secas  bananas y barritas energéticas así como agua con sales de hidratación disueltas. Recomiendo también llevar repelente de insectos y en la visita a los saltos proteger la cámara fotográfica u otros elementos que puedan mojarse, encerrándolas herméticamente en bolsas plásticas tipo “Ziploc” evitando así que se mojen en las posibles caídas. También debo decir que debemos estar preparados para hacer el regreso en otro medio de transporte que no sea la bicicleta, ya que el cansancio es tan grande que requerirá mayor tiempo para reponerse.

 

ENSEÑANZAS DEL VIAJE

Mi opinión es que el cicloturismo no consiste en devorar kilómetros en tiempo record, o realizar tal o cual hazaña o aventura en determinada región. Bien puede ser todo esto pero mucho más. El motivo de desplazarnos en este medio nos hace tomar un mayor contacto con el lugar su historia, su fauna y flora y sus condiciones y necesidades sociales. Aquí por ejemplo tenemos un extenso manto de selva declarado por un gobierno Biosfera y con dos parques provinciales dentro (con un equipo modestísimo de guardaparques), pero que sin embargo de esas 230.000 Ha que tiene, el 80% pertenece a empresas privadas, como Maderera Alto Paraná que explota predios de tierra en deterioro del bosque nativo, o la empresa Moconá  que también se dedica a la explotación forestal. Idéntico juego destructivo le tocará a la ruta 2 cuando este finalizada, con planes de turismo y bolsones de pobreza muy cerca (en Puerto y Iguazú con turismo desarrollado y gran impacto medio ambiental hay barrios extremadamente carenciados). O sea que los gobiernos feudales de las provincias orientan las inversiones en un solo sentido y con propósitos ya bien conocidos por todos. Hablaba de que la Colonia Pepirí, no tiene medico y hasta hace poco tiempo la escuela no contaba con un pizarrón, lo consiguió un cura. Del problema de los pueblos originarios, los indios, no da el espacio de esta nota pero el injusto desplazamiento y deterioro de su hogar natural es otra de las enseñanzas del viaje. De todos modos para quienes estén interesados por esta problemática tengo un informe que puedo enviar por mi correo electrónico (En Defensa de la Biosfera Yaboty). jgioannini@yahoo.com.ar

 

 

A la izquierda Néstor Regin, a la derecha J.J.Gioannini.

 

Camino ruta 2.

 

La ruta 2.

 

Colonia Pepirí

 

Escuela de Colonia Pepirí

 

Los Saltos del Moconá.

 

Depredación.